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¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es una reacción normal que se da en todas las personas. Es una emoción como lo puede ser la tristeza, la frustración, el miedo, la alegría… que todos tenemos en un momento u otro de nuestra vida. Como cualquier emoción, la sentimos en nuestro cuerpo. Su función se centra en alertar a la persona y prepararla para actuar de forma efectiva ante riesgos y amenazas.

De hecho, para desempeñarnos adecuadamente en nuestro día a día, es necesario un cierto estado de activación psicológica y fisiológica, dado que mejora el rendimiento y la capacidad de reacción. Si no, nos resultaría complicado poder llevar a cabo nuestras actividades, disminuiría muchísimo nuestra capacidad de respuesta y anticipación, nos volveríamos pasivos y sin capacidad para resolver muchas de las cosas que nos ocurren. Por ejemplo, es bueno tener cierto nivel de ansiedad ante un examen. Ésta actúa como elemento activador de la atención, concentración y aumenta el rendimiento.

Gracias a la ansiedad podemos afrontar situaciones nuevas y/o complicadas.

Así, podemos observar que la ansiedad es una emoción, en principio, adaptativa y necesaria, una emoción positiva, gracias a la cual nos podemos adaptar mejor al medio social, laboral…

Pero ¿Qué ocurre, cuando la respuesta que da nuestro organismo, ante una situación de amenaza (real o imaginaria) es desproporcionada (en intensidad, frecuencia, duración y afectación)?

En estos casos la ansiedad se vuelve un problema dado que es cuando nos desorganiza la vida, afecta a nuestra capacidad de disfrutar y de no poder afrontar con garantías las situaciones amenazantes, interfiriendo en nuestra vida social, en la pareja, en el trabajo…

Al mismo tiempo esta ansiedad patológica puede traducirse en trastornos como agorafobia, ataques de pánico, fobias, estrés postraumático…

 

¿Cómo se manifiesta la ansiedad?

Cuando una persona sufre, por ejemplo, un accidente de tráfico grave, con secuelas que le impiden poder llevar la vida normalizada que tenía antes del accidente, pasa por un proceso de adaptación que puede estar marcado principalmente por la ansiedad. En este contexto se ponen en marcha tres elementos básicos: los síntomas físicos, los pensamientos y los comportamientos que llevamos a cabo.

Cuando nos preguntamos ¿QUÉ PASA EN NUESTRO CUERPO? Ésta es la parte física o de reacciones corporales. Son los síntomas físicos que experimentamos ante la ansiedad, como pueden ser dificultad para respirar, dolor en el pecho, entumecimiento u hormigueo en las manos, pies o cara, boca seca, temblores, malestar estomacal, palpitaciones, nauseas, latidos cardíacos fuertes….

Estos síntomas se experimentan porque el cerebro está enviando un mensaje de peligro real y por tanto, prepara al cuerpo para ponerse en marcha, liberando sustancias químicas (Adrenalina, noradrenalina y cortisol), para darnos energía y de esta forma poder hacer frente a la situación ansiosa. Hasta que estas sustancias no son destruidas, que no es de forma inmediata, nuestro organismo no se restablece. Por este motivo, a veces, aun y haber desaparecido el peligro, nosotros aún estamos inquietos y con ansiedad.

Cuando la pregunta que nos hacemos es ¿QUÉ PENSAMOS? hace referencia a lo que pensamos cuando estamos ansiosos. Por ejemplo, pensar que no seré capaz de llevar a cabo una situación que antes hacía con facilidad, pero que desde que tengo la discapacidad no había vuelto a hacer. Si mi cuerpo percibe que hay una amenaza, entonces el cerebro, automáticamente lo evalúa enviándome pensamientos negativos, de miedo.

Otros pensamientos que nos pueden pasar por la cabeza en un estado de ansiedad son: «me estoy muriendo», «me estoy volviendo loco», así como experimentar inseguridad, miedo, preocupaciones, dificultad para tomar decisiones, confusión, complicaciones para concentrarnos.

 ¿CÓMO REACCIONO? ¿QUÉ CONDUCTAS LLEVO A CABO? Ésta es la parte motora. Se trata de lo que hacemos, como actuamos cuando estamos ansiosos. Podemos presentar inhibición o sobreactivación motora, evitación de situaciones que tememos, comportamiento defensivo, búsqueda de seguridad, agresividad, llanto, bloqueo, etc. La evitación es la conducta más significativa que hacen las personas con ansiedad.

La ansiedad, como podemos observar, afecta a la persona en toda su globalidad, a nivel de pensamiento, cuerpo y conducta.

 

¿Quién es más propenso a sufrir ansiedad?

La ansiedad debemos saber que no es sólo una respuesta emocional a una situación, sino que a veces es una forma de ser de las personas, es lo que llamamos una característica o rasgo de personalidad.

¿Qué ocurre cuando la ansiedad se prolonga en el tiempo?

Si la ansiedad se prolonga en el tiempo, y no se busca solución, puede tener repercusiones a nivel físico y psicológico. Por una parte, puede provocar un desgaste físico: agotamiento, una disminución de las defensas, carencia de vitaminas y minerales, problemas digestivos (úlceras…), problemas dermatológicos (eczemas, acné…), asma, problemas sexuales….etc. Y por otra, existe también un desgaste psicológico: depresión, irritabilidad, cambios bruscos de humor o del estado de ánimo, baja autoestima, dificultades de atención, concentración y memoria…

¿Qué podemos hacer para prevenir ansiedad?

  • Mantener una alimentación equilibrada.
  • Cuidar los hábitos de sueño.
  • Reducir o eliminar el consumo de cafeína cómo puede ser el café, coca cola…
  • Limitar el consumo de bebidas alcohólicas.
  • Hacer ejercicio o practicar algún tipo de deporte.
  • Practicar técnicas de relajación. Se puede incluir también yoga o meditaciones.
  • Hacer una lista de los pensamientos negativos que tenemos como resultado de la ansiedad, y escribir otra lista que contenga pensamientos alternativos más adaptativos para reemplazarlos.
  • Encontrar tiempo para uno mism@.
  • Cultivar las relaciones sociales y el disfrute.

 

¿Cómo se trata la ansiedad?

Los fármacos, en este caso ansiolíticos, son importantes y hacen que la ansiedad disminuya rápidamente, pero lo que es cierto es que sólo con los medicamentos no aprenderemos a controlar la ansiedad, dado que cuando éstos se retiren no sabremos cómo actuar para reducirla. La opción es que cuando se precise de fármacos, se combinen éstos con técnicas psicológicas.

Por una parte, con el objetivo de alcanzar un mejor autoconocimiento, que la persona sea capaz de identificar sus pensamientos negativos, reconozca la interpretación errónea que hace de las situaciones y para ampliar la perspectiva de pensamiento y poder modificar los pensamientos, emociones y comportamientos, nos ayudamos de técnicas cognitivas.

Por otra parte, para tratar los síntomas físicos se enseñan técnicas de respiración y relajación que es importante ir practicándolas.

Por último, con técnicas conductuales se entrena a la persona a exponerse a las situaciones más temidas, a no evitar, a mejorar las HHSS.

Realizar una terapia psicológica te ayudará a superar tus dificultades de ansiedad de una manera más rápida y eficaz.

Infórmate: https://lidiapalou.com/

lpalou@copc.cat