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¿Qué es la resiliencia?

¿Cuántas veces la vida nos pone a prueba con situaciones complicadas como una enfermedad crónica, una amputación, una paraplegia a raíz de un accidente, la muerte de un ser querido…?

Y yendo un paso más allá, a veces nos preguntamos ¿cómo es posible que, después de todo lo que ha pasado esta persona, pueda afrontar la vida con este ímpetu y coraje?

Estas personas son las que tienen la capacidad de ser flexibles ante estas situaciones límites, sobreponerse a ellas y, además, utilizar estas circunstancias para crecer y desarrollar aún más su potencial. Esto es lo que llamamos resiliencia.

La clave de la resiliencia es no darse por vencido, manteniendo una actitud de flexibilidad y valorando diferentes alternativas, sin aferrarse insistentemente a una única solución.

 

Las personas resilientes ¿nacen con esta esta capacidad o la aprenden?

Todas las personas tenemos, en mayor o menor medida, la capacidad de sobreponernos a situaciones adversas.

Las capacidades resilientes ya se empiezan a adquirir durante la infancia. Uno de los aspectos más importante en esta etapa es el vínculo que se establece con las personas significativas. Si en nuestra infancia recibimos amor, cariño, atención y comprensión, a medida que fuimos creciendo pudimos explorar y comprender el mundo con seguridad tanto emocional como física y ello hizo de nosotros un adulto fortalecido para afrontar las adversidades que nos pueda deparar la vida y, además, crecer a partir de estas experiencias.

En el caso que no hayamos tenido este entorno de seguridad en nuestros primeros años de vida, no hay porque vaticinar que en la edad adulta seamos poco resilientes. Quizás, a medida que fuimos creciendo, pudimos encontrar diferentes formas de construir o reforzar estas carencias relacionales y reparar este vacío de la infancia.

El desarrollo, entrenamiento y reforzamiento de esta capacidad de sobreponernos a las situaciones difíciles es lo que nos hace realmente resilientes.

 

¿Qué aporta ser más resiliente?

Se ha observado que las personas más resilientes toleran mejor las situaciones estresantes o de sufrimiento, presentando una mayor capacidad de adaptación y un mejor equilibrio.

Hemos de tener en cuenta que un elevado y continuado estrés provoca alteraciones bioquímicas. Una sobreexposición al cortisol u otras hormonas implicadas en el estrés puede modificar diferentes procesos de nuestro cuerpo haciendo que incremente el riesgo de padecer problemas de salud tales como presión arterial elevada, problemas cardíacos, aumento de peso, tensión muscular, deterioro de la atención, concentración y memoria, dolor de cabeza…

 

¿Cómo podemos ser más capaces de afrontar la adversidad?

Para mejorar nuestra resiliencia ya en la edad adulta es importante fortalecer cualidades que nos faciliten la adaptación a una situación adversa. Para ello, no se trata de abrumarnos intentando potenciar todas las cualidades que mejoren la resiliencia sino que podemos empezar por atender y potenciar aquellas habilidades que más destacan en nosotros e ir avanzando poco a poco.

Algunas técnicas que nos pueden ayudar a mejorar nuestra resiliencia son:

Aprender a conocernos más a nosotros mism@s. Nos ayudará a descubrir cuáles son nuestras principales fortalezas y habilidades, así como las limitaciones y debilidades para poder incidir en los aspectos en los que podemos mejorar.

Asimismo, aprenderemos a identificar, reconocer y expresar adecuadamente las emociones intensas (sin temerlas ni huir de ellas), lo que a su tiempo nos abrirá opciones para afrontar las situaciones complicadas.

Cultivar las relaciones sociales positivas. Aunque parezca una característica poco importante a simple vista, el cultivar amistades que mantengan una actitud positiva ante la vida es un buen sustento en momentos de sufrimiento. Mientras que si estamos en un entorno de amistades “tóxicas” nos llevará a quebrarnos fácilmente a nivel emocional.

Trabajar la autoestima, seguridad y confianza en nosotros mism@s. Creer y tener la confianza y seguridad de que podemos influir en lo que sucede a nuestro alrededor hará que nos focalicemos en nuestras propias capacidades para resolver problemas que de otra forma se cronificarían en el tiempo.

Desarrollar el “humor” como una forma de enfoque positivo. El sentido del humor se puede considerar una “herramienta” clave que nos permite enfocar en los aspectos positivos de las situaciones. Nos facilita reelaborar el significado de aquella situación y comprender la realidad. Nos ayuda a relativizar las experiencias.

Entrenar la flexibilidad. Ser flexibles es la capacidad de mantener una perspectiva más amplia cuando enfrentamos situaciones difíciles teniendo la capacidad de adaptarnos a los cambios a pesar de desviarnos del camino que nos hemos marcado, aprendiendo a asumirlos y así fortalecer nuestra tolerancia a los fracasos, pérdidas, frustraciones, reveses… Es aceptar las circunstancias que no se pueden cambiar y comenzar a trabajar sobre los aspectos que sí son modificables.

Vivir en el aquí y ahora. Vivir el presente, disfrutar de lo que está ocurriendo en el preciso momento que sucede, nos ayuda a dejar de sentirnos abrumados por lo que ya pasó y que no podemos cambiar o el vernos inmersos en las preocupaciones e incertidumbre del futuro. Vivir el presente nos ayuda a controlar cómo reaccionamos ante lo que nos ocurre renunciando al control de lo que sucede a nuestro alrededor.

Ejercitar el pensamiento constructivo. Nuestra capacidad de elaborar pensamientos constructivos va a marcar cómo afrontamos las situaciones complicadas. Al cambiar un pensamiento negativo por uno constructivo provocaremos en nosotros un cambio en nuestra reacción emocional (ya que ésta depende de la interpretación que hacemos de la situación) que nos encaminará hacia la acción para encontrar una solución acertada.

Puedes luchar, puedes quejarte de todo lo que has perdido… o puedes aceptarlo e intentar sacar algo bueno de ello. Elizabeth Edwards

   Autora

Lídia Palou

Psicóloga y Coach. Especialista en discapacidad.

Estoy a tu disposición para cualquier duda o consulta que desees hacerme.