SESIONES ONLINE
SESIONES ONLINE
¿Vives con preocupaciones constantes, la mente acelerada y la sensación de estar siempre en alerta, aunque no tengas claro el motivo?
¿Sientes miedos (a equivocarte, hacer el ridículo, enfermar, o que algo malo le pase a alguien que quieres) que acaban condicionando tus decisiones y tus planes?
¿Te invaden las dudas, los pensamientos intrusivos o la necesidad de tenerlo todo bajo control, y eso te lleva a revisar, comprobar o darle mil vueltas a las cosas?
¿Te cuesta relajarte, confiar, poner límites o sentirte “suficiente”, y vives con mucha autoexigencia y miedo al rechazo?
¿Tienes recuerdos, imágenes o sensaciones de experiencias difíciles que se reactivan y te dejan en alerta o desconectad@ de ti?
Si tu respuesta, a alguna de estas preguntas es afirmativa es posible que algo en tu vida esté en desequilibrio y que tu ansiedad esté intentando señalarlo.
Y el hecho de que estés leyendo esto ya dice mucho de ti: no quieres seguir viviendo igual, ni acomodarte a este malestar. Sientes que podría haber otra forma de estar contigo y con tu vida, con más bienestar y un poco más de libertad mental y emocional, y estás empezando a buscar cómo acercarte a ella.
“Si supones que existe un instinto hacia la libertad, entonces existen oportunidades de cambiar las cosas".
N. Chomsky
Lo que ahora necesitas es…
Comprender con calma qué te pasa y por qué, viendo cómo tu ansiedad se relaciona con tu historia, tu día a día y tu cuerpo.
Empezar a romper el círculo vicioso de la ansiedad perdiendo poco a poco el miedo a las sensaciones desagradables.
Aprender a soltar poco a poco esas emociones que llevas guardadas (rabia, culpa, vergüenza, miedo, tristeza…) y ayudar a tu cuerpo a relajarse, para que recuperar momentos de calma y seguridad.
Entender mejor tu mente, reconocer tus “pilotos automáticos”y tomar distancia de los pensamientos que alimentan la ansiedad.
Ir recuperando la calma, reconstruir la confianza en ti y retomar actividades y relaciones que quizá dejaste atrás cuidando tus límites.
Cultivar un estilo de vida que favorezca tu equilibrio emocional: lo que haces, cómo te hablas y cómo atiendes a tu sistema nervioso.
Lo que ahora necesitas es…
Comprender con calma qué te pasa y por qué, viendo cómo tu ansiedad se relaciona con tu historia, tu día a día y tu cuerpo.
Empezar a romper el círculo vicioso de la ansiedad perdiendo poco a poco el miedo a las sensaciones desagradables.
Aprender a soltar poco a poco esas emociones que llevas guardadas (rabia, culpa, vergüenza, miedo, tristeza…) y ayudar a tu cuerpo a relajarse, para que recuperar momentos de calma y seguridad.
Entender mejor tu mente, reconocer tus “pilotos automáticos”y tomar distancia de los pensamientos que alimentan la ansiedad.
Ir recuperando la calma, reconstruir la confianza en ti y retomar actividades y relaciones que quizá dejaste atrás cuidando tus límites.
Cultivar un estilo de vida que favorezca tu equilibrio emocional: lo que haces, cómo te hablas y cómo atiendes a tu sistema nervioso.
MI MÉTODO: UN ENFOQUE INTEGRADOR PARA ENTENDER
TU ANSIEDAD DESDE DENTRO
Mi forma de trabajar se basa en una idea sencilla: tu ansiedad no es solo un conjunto de síntomas, es un mensaje de tu sistema nervioso y de tu mundo emocional. Por eso utilizo el modelo PARCUVE como mapa para entender lo que te pasa, y diferentes herramientas (EMDR, mindfulness, trabajo corporal, enfoques cognitivo-conductuales, sensoriomotrices…) como recursos para acompañarte en el proceso.
El proceso consiste, sobre todo, en mirarte por dentro con calma y con una mirada amplia para identificar cómo tu ansiedad se relaciona con tus emociones, tus relaciones, las situaciones de estrés que has vivido y lo que siente tu cuerpo. No se trata solo de “quitar síntomas”, sino de entender qué se ha desajustado por dentro y qué lugar tiene todo lo que has ido viviendo.
A partir de ahí, vamos viendo junt@s cómo ir soltando poco a poco los pensamientos que te alteran y cómo acompañar esas emociones que te resultan tan difíciles, para poder comprenderlas mejor y relacionarte con ellas de otra manera.
Todo esto se va integrando poco a poco, como cuando aprendes a ir en bicicleta: al principio necesitas estar muy pendiente del equilibrio, del manillar, de los pedales… pero, con la práctica, el cuerpo va incorporando la mecánica. Con el tiempo, muchas personas sienten que ya no tienen que pensar tanto en “cómo hacerlo” para seguir avanzando; simplemente pueden seguir su camino con algo más de seguridad interior, más sensación de equilibrio y más libertad para afrontar los retos del día a día.
Porque… En el arte de resolver problemas, la clave está en las herramientas que usas.
¿Quieres REGULAR la ansiedad y sentir calma y bienestar?
ESTA ES LA SOLUCIÓN A…
Ansiedad generalizada
Cuando vives en un estado casi constante de alerta y preocupación, es como si tu mente estuviera siempre pendiente de que algo malo pueda pasarte a ti o a las personas que quieres.
La tensión se va acumulando y puede sentirse como presión en el pecho, molestias físicas, dolores de cabeza o una activación mental continua que dificulta concentrarte y descansar por la noche.
Te cuesta relajarte, sientes los nervios a flor de piel y tienes la sensación de no poder “bajar el volumen” de la preocupación, por mucho que lo intentes.
Ataques de pánico/ agorafobia
Cuando, de repente, empiezas a notar sensaciones físicas muy intensas y desagradables —taquicardias, sensación de ahogo, náuseas, mareos, temblores, inestabilidad, entumecimiento u hormigueo, sensación de irrealidad o de “no ser tú”— es fácil que aparezca el miedo a que esté pasando algo grave.
A partir de ahí, es comprensible que empieces a evitar situaciones, lugares o actividades por temor a que vuelva a ocurrir un ataque de pánico, con la sensación de que te vas a morir, te vas a volver loco/a o vas a perder el control.
Puede que también notes un miedo intenso a ir a ciertos lugares donde sientes que escapar o recibir ayuda sería difícil (espacios muy concurridos, lugares abiertos o cerrados, transporte público, cines, centros comerciales…), lo que termina limitando tu día a día y tu sensación de libertad.
Ataques de pánico/ agorafobia
Cuando, de repente, empiezas a notar sensaciones físicas muy intensas y desagradables —taquicardias, sensación de ahogo, náuseas, mareos, temblores, inestabilidad, entumecimiento u hormigueo, sensación de irrealidad o de “no ser tú”— es fácil que aparezca el miedo a que esté pasando algo grave.
A partir de ahí, es comprensible que empieces a evitar situaciones, lugares o actividades por temor a que vuelva a ocurrir un ataque de pánico, con la sensación de que te vas a morir, te vas a volver loco/a o vas a perder el control.
Puede que también notes un miedo intenso a ir a ciertos lugares donde sientes que escapar o recibir ayuda sería difícil (espacios muy concurridos, lugares abiertos o cerrados, transporte público, cines, centros comerciales…), lo que termina limitando tu día a día y tu sensación de libertad.
Fobias específicas
(animales o insectos, alturas, tormentas, agujas, sangre, ascensores, aviones…).
El miedo y la ansiedad se disparan de forma muy intensa cuando estás cerca del objeto o la situación que temes, incluso aunque sepas racionalmente que no es tan peligroso como lo sientes. Como forma de protegerte, empiezas a evitar en lo posible ese tipo de situaciones.
A veces, esta fobia llega a condicionar mucho tu vida: puedes dejar de hacer actividades como viajar en avión, subir en ascensor o ir a ciertos lugares. Y, cuando no te queda más remedio que enfrentarte a ello, lo haces con un gran nerviosismo, inquietud y deseo de que todo pase cuanto antes.
Fobia social
Cuando sientes miedo a exponerte en situaciones de interacción con otras personas —conocer gente nueva, hacer una entrevista de trabajo, dar un discurso, participar en una reunión…— por temor a ser juzgad@, humillad@ o rechazad@, es fácil que empieces a dudar de ti en cada paso.
En estos momentos, puedes ponerte muy nervios@ al hablar, sentir que te cuesta mantener el contacto visual, notarte insegur@ y preocuparte mucho por si los demás perciben que te ruborizas, tiemblas o te bloqueas. El temor puede llegar a ser tan intenso que sientas que pierdes el control de la situación y solo quieras desaparecer de allí.
Fobia social
Cuando sientes miedo a exponerte en situaciones de interacción con otras personas —conocer gente nueva, hacer una entrevista de trabajo, dar un discurso, participar en una reunión…— por temor a ser juzgad@, humillad@ o rechazad@, es fácil que empieces a dudar de ti en cada paso.
En estos momentos, puedes ponerte muy nervios@ al hablar, sentir que te cuesta mantener el contacto visual, notarte insegur@ y preocuparte mucho por si los demás perciben que te ruborizas, tiemblas o te bloqueas. El temor puede llegar a ser tan intenso que sientas que pierdes el control de la situación y solo quieras desaparecer de allí.
Hipocondría
Te preocupas de forma intensa y frecuente por la posibilidad de tener una enfermedad grave, incluso cuando no hay pruebas claras de ello.
Estás muy pendiente de cualquier sensación o cambio en tu cuerpo y puedes interpretarlo como señal de que algo serio está ocurriendo.
Esto puede llevarte a invertir mucho tiempo y energía en acudir a consultas médicas, realizar pruebas y buscar confirmación de que “todo está bien”. Sin embargo, aunque los resultados sean tranquilizadores, el miedo suele regresar: aparece la duda de si ha habido un error, si falta alguna prueba o si no te han mirado lo suficiente.
ESTRÉS POSTRAUMÁTICO
Cuando has vivido una experiencia muy impactante o dolorosa (un accidente, una pérdida, una agresión, una enfermedad, una situación límite…), es posible que, tiempo después, sigas sintiendo que “no ha pasado del todo”.
Pueden aparecer recuerdos muy vivos, imágenes o sensaciones que irrumpen de repente, como si volvieras a estar allí. A veces se cuelan en forma de pesadillas, sobresaltos, dificultad para dormir o una sensación constante de alerta, como si tu cuerpo estuviera siempre preparado para que algo malo ocurra.
También es frecuente que intentes evitar personas, lugares, conversaciones o situaciones que te recuerdan lo que pasó, o que notes una especie de desconexión: te cuesta disfrutar, estar presente o sentirte como antes. Todo esto puede hacer que tu día a día se vuelva más limitado y que te cueste entender por qué sigues así “si ya ha pasado tanto tiempo”.
ESTRÉS POSTRAUMÁTICO
Cuando has vivido una experiencia muy impactante o dolorosa (un accidente, una pérdida, una agresión, una enfermedad, una situación límite…), es posible que, tiempo después, sigas sintiendo que “no ha pasado del todo”.
Pueden aparecer recuerdos muy vivos, imágenes o sensaciones que irrumpen de repente, como si volvieras a estar allí. A veces se cuelan en forma de pesadillas, sobresaltos, dificultad para dormir o una sensación constante de alerta, como si tu cuerpo estuviera siempre preparado para que algo malo ocurra.
También es frecuente que intentes evitar personas, lugares, conversaciones o situaciones que te recuerdan lo que pasó, o que notes una especie de desconexión: te cuesta disfrutar, estar presente o sentirte como antes. Todo esto puede hacer que tu día a día se vuelva más limitado y que te cueste entender por qué sigues así “si ya ha pasado tanto tiempo”.
TRASTORNO OBSESIVO-COMPULSIVO
Cuando tu mente se llena de pensamientos repetitivos, intrusivos y molestos —ideas, imágenes o dudas que no quieres tener— y sientes que no puedes “apagarlos”, es posible que aparezca mucha ansiedad, culpa o miedo a perder el control.
Para intentar calmar esa ansiedad, puedes acabar haciendo ciertas acciones o rituales (comprobar, limpiar, ordenar, repetir palabras, buscar tranquilidad en otros…) que, al principio, dan un alivio momentáneo, pero luego te atrapan en un bucle: los pensamientos vuelven, la duda regresa y cada vez sientes más necesidad de repetir esas conductas.
Con el tiempo, esto puede ocupar mucho espacio en tu día a día, hacer que tardes más en hacer las cosas, que te cueste concentrarte en lo importante o que sientas que vives pendiente de “hacerlo bien” para que no pase nada malo.
PREGUNTAS FRECUENTES
¿Cómo funciona la terapia online?
La terapia online funciona de la misma manera que la terapia presencial, con la única diferencia de que las sesiones se hacen a través de una pantalla, ya sea un ordenador, tablet o dispositivo móvil.
¿Cuánto dura una sesión?
Las sesiones tienen una duración de 50-60 minutos.
¿Los beneficios de la terapia online son los mismos que la terapia presencial?
La terapia online ofrece, en muchos casos, beneficios muy similares a la terapia presencial. La manera de acompañarte, la profesionalidad, las herramientas psicológicas, las habilidades y la calidad de la comunicación se mantienen; lo que cambia es el canal, que pasa a ser la pantalla en lugar del despacho.
¿Qué ventajas tiene realizar terapia online?
- Ahorro de tiempo y desplazamientos
No necesitas ir hasta la consulta, ni organizar viajes en transporte público o coche. Simplemente te conectas desde donde estés y ganas ese tiempo para ti. - Sin límites geográficos
Puedes trabajar conmigo aunque no vivas cerca. La distancia deja de ser un problema y tienes más opciones a la hora de elegir profesional. - Entorno conocido y seguro
Puedes asistir a las sesiones desde un lugar familiar, como tu casa. Para muchas personas, esto facilita sentirse más cómodas y abrirse emocionalmente. - Más flexibilidad horaria
Al poder conectarte desde cualquier sitio (casa, trabajo, otro país…), es más sencillo cuadrar horarios y mantener una regularidad en las sesiones. - Continuidad aunque tu vida se mueva
Si viajas, tienes una baja médica que te impide desplazarte o surge cualquier imprevisto, la terapia puede seguir online sin tantas interrupciones. - Posibilidad de usar recursos digitales en sesión
Durante las sesiones podemos compartir pantalla, materiales, enlaces o usar pizarra virtual para hacer ejercicios en directo, lo que puede hacer el proceso más dinámico y visual.
¿Qué necesito para hacer terapia online?
Solo necesitas un ordenador, una tablet o un teléfono móvil con cámara y micrófono, una buena conexión a internet y, en la medida de lo posible, un espacio tranquilo y privado donde te sientas cómod@ para hablar.
DICEN DE MI...
¿Estás preparad@ para empezar a hacer un cambio en tu vida, dando más espacio a la calma y la tranquilidad?
Cuéntame lo que te sucede. Yo te facilitaré la información que necesitas y resolveré tus dudas.
¿Estás preparad@ para empezar a hacer un cambio en tu vida, dando más espacio a la calma y la tranquilidad?
Cuéntame lo que te sucede. Yo te facilitaré la información que necesitas y resolveré tus dudas.