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Cuando se trata de una discapacidad la mayoría de los padres intentan facilitar la vida de sus hijos y hacer lo que está a su alcance para satisfacer sus necesidades. Sin embargo, aun y con las mejores intenciones, a veces, se puede actuar de forma que se daña emocionalmente a los hijos.

Son estos padres que, focalizados en sus propias necesidades, de alguna manera generan miedo, culpa u obligación en sus hijos.

Pueden percibir la independencia de sus hijos mayores como una amenaza por miedo a quedarse solos. Pueden tener la necesidad de luchar porque a sus hijos no les pase “nada malo”, ya que creen que son indefensos al tener una discapacidad. O piensan que sus hijos no están preparados para resolver conflictos o tomar las mejores decisiones.

En ocasiones, puede que  no te des cuenta de este trato perjudicial, dado que tus necesidades físicas se satisfacen y de alguna manera te hacen ver todo lo que están haciendo por ti.

 

Diferentes tipos de comportamientos disfuncionales por parte de los padres:

Existen diferentes tipos de comportamientos y actitudes que adoptan los padres cuando están más centrados en sus necesidades que en las de sus hijos. Principalmente nos vamos a encontrar con:

Actitudes de sobreprotección: Son aquellos que inmersos en el miedo se preocupan a tal nivel, que intentan evitar cualquier riesgo para sus hijos con discapacidad, y sin darse cuenta caen en un comportamiento dañino. Ello desencadena en los hijos inseguridad, baja autoestima, sentimientos de inutilidad, dificultades para tomar decisiones, dependencia, falta de confianza en sí mism@s, miedos y conductas evitativas… con las consecuencias negativas que esto conlleva para disfrutar de una vida plena, pudiéndose añadir ansiedad, depresión, estrés… Un ejemplo, puede ser aquel padre/madre que no deja salir a la calle solo a su hijo que tiene una amputación de una pierna por miedo a que caiga y se haga daño.

Actitudes de autoridad: Hace referencia a aquellos padres que obvian las necesidades y emociones de sus hijos. Asimismo, su comunicación tiende a un estilo agresivo- manipulativo. Actuan solo desde su propio punto de vista. Son personas poco afectuoses, rígidas, que se les dificulta poder aceptar opiniones o comportamientos diferentes a los que ellos consideran correctos, por lo que en ocasiones pueden actuar de manera desproporcionada ante una situación.  Todo ello, hace que los hijos se conviertan en personas dependientes. Un ejemplo, es aquella persona que le gustaría formar parte de una asociación para ayudar a personas con las mismas circuntancias que él o ella y sus padres le dicen que lo que va a hacer es buscar un trabajo adaptado donde tenga un sueldo y una seguridad econòmica para cuando ellos no esten y no perder el tiempo con algo que no le aportará beneficios. Y siguiendo la opinión de los padres hace lo que le piden.

Actitudes de control: Buscan huir de la soledad, convenciendo a sus hijos de que siguen siendo imprescindibles para ellos. Imponen sus ideas, sus formas de hacer las cosas y sus decisiones, asumiendo las responsabilidades de sus hijos y no respetando su privacidad. Enfadándose cuando los hijos no quieren explicarles aspectos de sus vidas. Establecen reglas rígidas que restringen la independencia de los hijos. Un ejemplo, es el padre que continuamente recuerda a su hij@ que tienen una “obligación” con él, dado lo que él se ha sacrificado y se está sacrificando para cuidarlo, haciéndole sentir la sensación de culpa constante por no hacer lo que el progenitor le pide.

Actitudes manipulativas: Utilizan el victimismo, la culpa o la mentira como estrategias que socaban la autoestima de los hijos. Se muestran críticos. Mantienen una comunicación que no termina de ser clara y que genera confusión constante. Por ejemplo, una madre puede utilizar la culpa para que su hijo se quede con ella porque está sola y posteriormente, afirmar que se ha quedado porque ha querido, que ella nunca se lo pidió.

 

 ¿Y cómo salir de esta situación que tanto malestar te genera?

El primer paso es reflexionar sobre la relación que tienes con tus padres, tomando consciencia de si es una relación que te genera bienestar o sufrimiento. Si estás viviendo tu vida de acuerdo a tus valores y objetivos o intentas complacer a tus padres de alguna manera, dejando en segundo plano lo que te hace sentir bien.

El segundo paso consiste en, si has detectado que vives tu vida tratando de complacer a tus padres, establecer límites. Toda relación satisfactoria implica límites claros y manifiestos. Los límites saludables aportan claridad y transparencia, eliminando expectativas irreales, dependencias y, en consecuencia,  disminuyen los conflictos.

Estos límites es importante establecerlos desde la asertividad, de forma amable, abierta y adecuada, respetando a tus progenitores.

Cambiar la forma en que te relacionas con tus padres puede ser realmente una tarea que te requiera mucho esfuerzo, dado que es habitual que se resistan a los cambios que intentas hacer. Cambiar hábitos es difícil y, a veces, estresante, pero establecer límites con tus padres es el camino para alcanzar la autonomía, independencia y seguridad en ti mism@ necesarios para tener una vida plena.

Lídia Palou

Psicóloga y Coach. Especialista en discapacidad.

Colegiada por el Colegio Oficial de Psicólogos de Catalunya. 

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