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Se habla mucho de la sexualidad en general, sin embargo poco se habla de la sexualidad en la discapacidad. Las personas con discapacidad no tienen un mundo diferente. También tienen sus intereses, necesidades y deseos. La necesidad de afecto y de intimidad está igualmente presente y satisfacer esta necesidad contribuye a mantener el equilibrio psicológico y emocional.

Precisamente ésta es una de las necesidades peor cubierta por este colectivo. De hecho, aun y observar diferentes avances en otros aspectos, frecuentemente el tema de la sexualidad queda en un segundo plano.

Cuando hablamos específicamente de discapacidad física podemos encontrarnos con que la alteración de la respuesta sexual puede ser por una causa directa, cuando se ven afectados los centros del sistema nervioso responsables del control de la respuesta sexual, como pueden ser la medula espinal, el sistema límbico, daño vascular, traumatismo de los órganos sexuales… provocando, por ejemplo, trastornos de erección, pérdida de eyaculación o ausencia de orgasmo. O bien, por una causa indirecta, cuando se trata de un efecto colateral como dolor articular o muscular, alteración de la sensibilidad, efectos de fármacos específicos, etc. que pueden causar trastorno del deseo sexual.

Existen prejuicios, mitos y tabúes, que provocan un gran impacto e influencia psicológica negativa y, muchas veces, agravan las dificultades sexuales con ansiedad, depresión, distorsión de la autoimagen, merma de la autoestima, sentimientos de vergüenza o ridículo… Un ejemplo, lo tenemos en que diversas disfunciones orgánicas se ven afectadas por la ansiedad y el miedo a no conseguir una erección, que se suman a los problemas orgánicos de su erección.

Por ello, con frecuencia, la rehabilitación física de la discapacidad, requiere asesoramiento psicológico y, en los casos necesarios, de relación de pareja. Y en este contexto es importante tener en consideración la rehabilitación del área sexual como fundamental para hablar de una rehabilitación integral, para que la persona con discapacidad pueda sentirse nuevamente segura ante las relaciones sexuales.

En el ámbito psicológico, después del diagnóstico, se facilita información adecuada sobre la alteración sexual que se padece y sobre la sexualidad, así como de los aspectos erróneos o confusos que puedan existir. Se analizan los prejuicios culturales que puedan estar influyendo en la disfunción, focalizándonos en cambios de actitudes y cogniciones disfuncionales. También, se trabaja sobre las emociones implicadas y sus funciones, analizando de forma específica la ansiedad, el miedo, la vergüenza y la culpa. Y el último paso es la instauración de habilidades sexuales específicas y de relación con el objetivo de mejorar la satisfacción.

Algunos consejos que te pueden ayudar en la disfunción sexual es conocerte a ti mism@. Conocer tu cuerpo, lo que te gusta y lo que te desagrada, las posiciones más cómodas, las prácticas más placenteras… te facilitará poder comunicar mejor tus deseos a tu pareja. Y a partir de aquí fomentar esta comunicación.

También es importante no focalizarte exclusivamente en el coito. Dedicar tiempo a otros aspectos como caricias, besos, abrazos… es una forma de mejorar la confianza en la intimidad.

Ello te ayudará a mejorar las relaciones.

 

Autora

Lídia Palou

Psicóloga y Coach. Especialista en discapacidad.

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