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Como seres sociales que somos necesitamos establecer relaciones interpersonales para mantener un buen desarrollo y equilibrio psicológico. Estas nos aportan bienestar, seguridad, mayor autoestima, empatía… en definitiva mejoran la calidad de vida.

Sin embargo, en la discapacidad es muy frecuente que aparezcan los sentimientos de soledad. Muchas veces, las diferentes circunstancias a las que se enfrentan las personas con diversidad funcional (experiencias sociales negativas, prejuicios, problemas de comunicación, falta de apoyo…) pueden provocar frustración, introversión y aislamiento. Asimismo, algunas personas con cierto grado de dependencia tienen la sensación de incapacidad, lo que les lleva a desistir de intentar nada, manteniéndose en una inactividad que desencadena en un mayor aislamiento y soledad.

No obstante, el sentimiento de soledad no necesariamente se da cuando la persona no tiene compañía, sino que puede aparecer incluso cuando vive rodeado de gente, con la familia o en pareja.

¿Qué tipos de soledad existen?

Dentro del término soledad podemos distinguir la soledad social y la soledad emocional.

La soledad social es aquella en qué estamos solos, en un contexto de aislamiento social. Puede ser por elección propia o por circunstancias que nos han llevado a tener el mínimo contacto social (inactividad obligada, escasez de recursos, falta de accesibilidad a entornos o servicios…).

En el caso de que haya sido una elección voluntaria, posiblemente gocemos de estar con nosotros mismos, de estos momentos de introspección que favorecen el crecimiento personal, mientras que si la soledad no ha sido nuestra opción, más bien ha sido impuesta por particularidades de la vida (ruptura amorosa, pérdida de un ser querido, entornos rurales con escasos recursos…), podemos sentirnos realmente solos. Asimismo, podemos percibir, aun y estando acompañados y rodeados de gente, una sensación vacío, falta de afecto e incomprensión, características propias de la soledad. Es lo que llamamos soledad emocional.

¿Y os preguntareis por qué ocurre? Ocurre porque la soledad emocional es un estado mental y está vinculada a sentimientos de incomprensión, tristeza, inseguridad, miedo al abandono…

La soledad emocional es la carencia de relaciones sociales significativas para la persona.

Cuando la persona, siente soledad se puede sentir invadida por sentimientos de tristeza, melancolía, abandono, inseguridad e incomprensión que generan un importante malestar y dolor que le llevan a tomar decisiones pocas veces acertadas y a adoptar hábitos poco saludables que terminan debilitando la salud emocional así como la salud física.

¿Cómo afecta la soledad emocional?

En el plano psicológico el sentimiento de soledad suele implicar tristeza, angustia, ansiedad e incluso miedo que incide negativamente en nuestra autoestima generando inseguridad, desmotivación, apatía, pérdida de interés en actividades sociales pudiendo desencadenar, en los casos más severos, en depresión.

A nivel físico se conoce que la soledad tiene un efecto debilitador del sistema inmunológico, aumentando el riesgo a padecer enfermedades, también se relaciona con cefaleas, problemas digestivos y cardiovasculares.

¿Qué hacer con la soledad?

  1. El primer paso es distinguir que te sientes sol@. Date permiso para sentir, para escucharte y para expresar lo que sientes.
  2. Fíjate en esa sensación que estás sintiendo, obsérvala y ubica en que parte de tu cuerpo la sientes, quedándote un momento sintiéndola.
  3. Evita quejarte o regodearte en la tristeza, en la impotencia y en la frustración. Asume tu realidad, acepta que te sientes sol@, sin juicios de valor ni oposición, acepta las circunstancias tal y como son.
  4. Céntrate en lo que depende de ti, si hay algo que puedas hacer para resolver tu malestar. Busca alternativas y ponlas en acción paso a paso (aumentar tu círculo de amistades o buscar nuevas amistades con las que te sientas más a gusto, buscar asociaciones, apuntarte a actividades, hacer deporte en equipo…).
  5. Si la situación no depende de ti, deja de luchar para cambiarla. Enfócate en lo que puedas hacer para sentirte mejor (hacer deporte, técnicas de relajación, mindfulness…).

Sin embargo, también tienes que tener en cuenta que la soledad no siempre se tiene que tomar como “negativa”, que nos haga sentir vací@s y deprimid@s. Es un espacio beneficioso y necesario, ya que nos permite estar en contacto con nuestros pensamientos, sentimientos y emociones, con nuestras fortalezas y debilidades. En definitiva, nos permite conocernos mejor a nosotros mism@s y, en consecuencia, poder saber lo que queremos o no queremos en nuestra vida y, actuar de forma más acertada y equilibrada.

Encuentra el equilibrio entre este espacio de disfrute y autoconocimiento, que te brinda la soledad, y el bienestar que te proporcionan las relaciones interpersonales.

No obstante, si te sientes deprimid@ y ves que para ti la soledad es una gran pesadumbre aquí te puedo ayudar.