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La incertidumbre en la discapacidad adquirida

La incertidumbre en la discapacidad adquirida

 

Pedro era trabajador de mantenimiento de carreteras cuando se detuvo para ayudar a un camión averiado y un vehículo chocó con su furgón de tal forma que él quedó atrapado por las piernas. Cuando despertó en el hospital, asustado al sentir gran dolor y observar que una de sus piernas no estaba, se percató de que algo había ido realmente mal.

Le explicaron que tras diversas intervenciones tuvieron que amputarle la pierna, no se la pudieron salvar. 

Estaba en estado de shock, atemorizado. Su vida, en cuestión de segundos, se había desmoronado. No podía creerlo. Se sentía triste, enfadado, frustrado y deprimido.

Se preguntaba “¿qué será de mi vida?” Esa incertidumbre en relación al futuro, de vivir sin una extremidad.

Su mente era como una “olla a presión”: “¿Cómo voy a soportar ese dolor el resto de mi vida?” “No podré valerme por mí mismo”, “No podré trabajar más de lo mío”, “Con lo joven que soy no puedo vivir de una paga”,  “No podré volver a montar en bicicleta”, “¿Cómo voy a subir las escaleras de casa?”, “¿Cómo será mi vida a partir de ahora?”, “¿Qué podré hacer?”… Preguntas y más preguntas inundaban su mente, todas enfocadas al futuro, a lo que él pensaba que podría ocurrir. Ese miedo a no saber qué es lo que ocurrirá y a no tener el control sobre su situación.

 

¿Cómo puede afectar la incertidumbre?

A nivel físico: Principalmente nos podemos encontrar somatizaciones del tipo dolor de cabeza, náuseas, alteraciones gastrointestinales, cansancio…

A nivel psicológico: el estado de ánimo puede verse condicionado por la sensación de falta de control, por esa indefensión e impotencia ante la situación, que al mismo tiempo hace que la motivación disminuya, puede aumentar la rumiación, que a su vez puede generar trastornos del sueño, sentimientos de culpabilidad, tristeza, rabia…

A nivel de conducta: El miedo y el querer deshacernos de la incertidumbre puede llevar a la persona a buscar información acerca de su problema, tratamientos y soluciones en fuentes no verídicas.

 

¿Cómo puede tratarse la incertidumbre?

En primer lugar, podemos centrarnos en buscar información y tratamientos basados en la evidencia científica. Existe gran cantidad de fuentes de información (ensayos publicados, libros…).

También puede ayudar el formar parte de alguna asociación para poder acceder a recursos, servicios, apoyo e información. Las asociaciones facilitan información sobre la condición en la que se encuentra la persona, enfermedad, tratamientos. También organiza actividades, acciones de divulgación social, da asistencia social y psicológica…

Por último, ayuda profesional cuando esta incertidumbre interfiere significativamente en tu día a día.  En este caso, la terapia se orienta a favorecer la asimilación, mejorar tu estado de ánimo, disminuir la ansiedad y los miedos.

    Si la incertidumbre es un aspecto que realmente te incapacita en tu día a día podemos encontrar conjuntamente el plan de tratamiento personalizado que aborde tus síntomas y satisfaga tus necesidades.

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    Lídia Palou

    Psicóloga y Coach. Especialista en discapacidad.

    Colegiada por el Colegio Oficial de Psicólogos de Catalunya.

    Y si necesitas ayuda contacta conmigo y pide una cita.

    La motivación

    La motivación

     

    ¿Has intentado alguna vez hacer ejercicio físico o perder peso? 

    Es posible que empezaras con muchas ganas, pero poco a poco, se te hiciera “cuesta arriba” y, ante las dificultades añadidas de la discapacidad, perdieras esa “fuerza”, terminando por abandonar la acción que te habías propuesto.

    ¿Te identificas? Aquí podríamos decir que perdiste la motivación.

    Lo cierto es que cambiar un hábito, llevar a cabo una acción o introducir algo nuevo en nuestra vida, en ocasiones, resulta difícil. Sin embargo, si “alimentas” esa voluntad te permitirá seguir adelante e incluso en las situaciones más complicadas.

     La Real Academia Española define la motivación como “el conjunto de factores, internos y externos, que determinan en parte las acciones de una persona”.

    Podríamos decir que es como la fuerza que te hace actuar orientándote a lograr un objetivo o a satisfacer una necesidad.

     Tu grado de motivación no viene dado únicamente por el valor de aquello que lo provoca, sino también por la importancia que le das tú.

    Tipos de motivación: 

    La motivación intrínseca nace de ti, de tu interior con el fin de satisfacer tus deseos, necesidades, intereses, curiosidad, satisfacción, disfrute… Es tu propia voluntad de hacer las cosas. El hacer la actividad o tarea que tu mism@ te marcas ya te conlleva una recompensa en sí misma.

    Es el disfrute de un trabajo por el mero hecho de hacerlo, es disfrutar de la pasión por un hobbie, es participar en un concurso porque te divierte…

    Cuando se despierta tu motivación interna disfrutas más del proceso que del resultado final. El verdadero objetivo que buscas en este caso es sentirte autorrealizad@ y disfrutar.

     

    La motivación extrínseca puede definirse como aquellos estímulos externos a ti, que te vienen de fuera, como por ejemplo la presión social, la recompensa, el castigo, la aprobación… Diríamos que realizas la conducta con el fin de conseguir algún tipo de recompensa y no por el disfrute de la realización de la conducta en sí misma.

    Es participar en un concurso para ganar un premio, es trabajar a pesar que no te guste el trabajo para ganar más dinero…

     Así, podemos decir que mientras que la motivación extrínseca viene impulsada por recompensas o castigos externos, la motivación intrínseca se basa en los deseos internos.

     

    ¿Qué es mejor tener motivación intrínseca o extrínseca?

    Una motivación no excluye a la otra. La presencia de una u otra dependerá del contexto y de la existencia de éstas en la persona. Con tal de alcanzar los mejores resultados es importante un equilibrio entre las dos.

    Cuando inicias una tarea o una acción, en ocasiones es necesaria la motivación extrínseca para incentivarla, mientras que, una vez iniciada, lo ideal sería que se mantuviera por la motivación intrínseca, dado que al ser una motivación que no depende concretamente de las situaciones del entorno, fomenta la perseverancia en la tarea.

    Por ejemplo, has empezado a realizar ejercicio físico porque el medico te lo ha recomendado para mejorar tu salud. Sin embargo, sería importante que perseveraras en llevar a cabo ejercicio físico porque te gusta y has encontrado ese punto de disfrute haciéndolo.

     

    ¿Cómo promover la motivación intrínseca? 

    • Trabajar en el autoconocimiento: te permitirá conocer tus propias capacidades, fijar tus propios límites y, en consecuencia, establecer tus propias motivaciones, sin que estas se vean disminuidas por la rutina o expectativas demasiado altas.
    • Asumir la propia responsabilidad: el asumir la propia responsabilidad (locus de control interno) aumentará tu motivación interna, mientras que culpar a los demás de lo que te sucede (locus de control externo) hará que, bajo la percepción de no control, esta motivación desaparezca.
    • Estimular la curiosidad: puede ser el impulso que despierta y/o aumenta el nivel de motivación hacia una acción.
    • Retomar la experiencia: tus vivencias anteriores, cuando estas han sido satisfactorias, pueden dirigir e impulsar tu motivación ante estímulos similares.
    • Marcarte desafíos: te motivan a seguir adelante manteniéndote comprometido con tu objetivo. Visualizar los beneficios que te aportará la consecución de los objetivos que te marques determinando lo que necesitas y como actuarás, incentivas la necesidad de sentirte competente.
    • Deshacerte de los “debería”: Los “debería” te enfoca hacia tareas impuestas promoviendo la motivación extrínseca, siendo posiblemente insuficiente para sentirte bien, mientras que si te focalizas en el “querer”, tomarás el control de lo que haces para satisfacer tus necesidades.

     Después de todo lo aprendido… ¿qué te parece si empiezas a poner en marcha tu motivación intrínseca para mejorar tu bienestar?

    Lídia Palou

    Psicóloga y Coach. Especialista en discapacidad.

    Colegiada por el Colegio Oficial de Psicólogos de Catalunya. 

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    Entrena tu mente para transitar el dolor

    Entrena tu mente para transitar el dolor

    Vivir con dolor…

    El dolor es un fenómeno complejo que implica no solo una parte física sino también emocional. Viene condicionado por factores orgánicos, psicológicos, ambientales y culturales. No es lo mismo, por ejemplo, la concepción del dolor en culturas orientales, donde es percibido como parte de la vida con el que se debe aprender a convivir, que en nuestra cultura donde el dolor se considera algo negativo que debemos evitar a toda costa. O, no es lo mismo el dolor de una persona que se hace un esguince, cuando ésta tiene una amputación de una pierna y el esguince le afecta al tobillo de la pierna sana, que cuando no tiene discapacidad y se hace un esguince.

     

    ¿Qué ocurre cuando sientes dolor?

    Podemos decir que es como un círculo vicioso: tienes dolor y evitas ciertas actividades por el dolor. Esta falta de movilidad te produce tensión muscular, que incrementa a su vez el dolor, y ante esta sensación, aparecen pensamientos que generan impotencia, frustración y tendencia a inactividad pudiendo desencadenar todo ello en ansiedad, depresión, insomnio, baja autoestima, aislamiento social… contribuyendo éstos a que centres tu atención aún más en las sensaciones corporales de dolor, haciendo que la percepción de dolor se mantenga, o incluso aumente.

     

    Aspectos básicos.

    En el dolor hay implicados tres aspectos básicos: fisiológico, emocional y cognitivo.

    • Fisiológico: La función del dolor es avisar de que una zona de nuestro cuerpo está expuesta a una posible lesión y, activa a nuestro organismo para poner en marcha mecanismos con el objetivo de evitar o reducir el daño. En este punto podemos distinguir entre el dolor agudo, que dura un tiempo relativamente corto y, el dolor crónico, que puede durar semanas, meses, años.
    • Emocional: La aparición de dolor tiene una gran influencia en el estado de ánimo pudiendo generar ansiedad, tristeza, irritabilidad… lo que, al mismo tiempo, estas emociones aumentan la percepción de dolor.
    • Cognitivo: Los pensamientos que nos invaden contribuyen a la interpretación que podamos hacer del dolor. Por ejemplo, si tienes un dolor en el brazo hasta el pecho lo vivirás diferente si te “enganchas” a pensamientos tipo “Tengo un infarto, me voy a morir”, que si piensas “he dormido con una mala postura y me duele esta parte”.

    Cuando hablamos de la parte emocional y cognitiva, no podemos obviar el sufrimiento.

    En primer lugar es importante hacer una distinción entre dolor y sufrimiento.

    El dolor no siempre comporta sufrimiento. Así como el dolor es una vivencia tangible, identificable, que está presente de manera real en quien lo sufre, pudiendo conllevar emociones tanto placenteras (al dar a luz, ante una cirugía estética…) como displacenteras (ante un accidente con lesiones, dolor del miembro fantasma…); el sufrimiento está más relacionado con pensamientos y emociones desagradables y radica en la reacción de la persona ante un hecho determinado, y no tanto en la realidad en sí misma (fallecimiento de un ser querido, pérdida de un trabajo…).

     

    Tratamiento del dolor físico.

    De ahí, que es importante orientar el tratamiento hacia un enfoque interdisciplinar, principalmente cuando el dolor es crónico.

    En primer lugar, es importante que comprendas la relación entre los aspectos psicológicos y el dolor, es decir, el círculo vicioso entre dolor y tensión. Que entiendas como el dolor provoca tensión muscular y malestar anímico y éstos a su vez incrementan el dolor.

    Asentadas las bases del dolor, nos podemos enfocar en disminuir la ansiedad, la tensión e indirectamente el dolor mediante las siguientes técnicas:

    La práctica de la respiración y la relajación muscular. Nuestro ritmo respiratorio, también refleja nuestro estado de ánimo y tensión. Esto se debe a que la respiración involucra numerosas estructuras y músculos de tu cuerpo y al no respirar correctamente contribuyes a generar tensión en la zona. La respiración abdominal o diafragmática, que se refiere a la inhalación lenta y profunda de aire que expande el diafragma y llega hasta el fondo de los pulmones promueve la calma, la relajación y disminuye el dolor. Las técnicas de relajación tienen por objetivo interrumpir el círculo vicioso tensión-dolor-tensión, por lo que se consigue disminuir la ansiedad y en consecuencia el dolor. También, al focalizar la atención en las tareas de relajación te distancias de la experiencia de dolor.

    Mindfulness para aprender a relacionarte con el dolor a través de la aceptación y el aprendizaje. El reenfocarte en la experiencia del ahora hará que dejes de quedarte atrapad@ en pensamientos y sentimientos negativos facilitándote el conectar con la calma del presente y de esta forma reducir el componente afectivo-cognitivo que incrementa la experiencia del dolor.

    La atención y distracción. Puedes controlar tu atención y retirar el foco de esta experiencia de dolor que te limita. Puedes manejar la atención, dirigiéndola a estímulos internos (atender a la respiración), externos (escuchar música, practicar algún hobbie…)  o a tus sensaciones (relajación al destensar los músculos en la relajación muscular) y/o pensamientos (recuerdos agradables).

    Ejercicio físico. La inactividad provoca un deterioro físico, dolor y malestar emocional. Puedes buscar asesoramiento profesional para que te asesore sobre el ejercicio más adecuado para ti.

    La narrativa terapéutica. Escribir desde tu dolor te permitirá conocerlo más, y conocerte más a ti mism@, entender tus propios sentimientos y necesidades, permitiéndote poder tener más control de tu dolor.

    La identificación y reconocimiento de pensamientos negativos y emociones desagradables (rabia, tristeza, ansiedad, miedo, frustración…) y entender su relación con el dolor. Ello te permitirá distanciarte de ellos como forma de manejar dichos estados emocionales.

    Aprender a vivir con dolor es el gran reto que debes superar para disfrutar de tu vida.

     

    Autora

     

    Lídia Palou

    Psicóloga y Coach. Especialista en discapacidad.

    Misión: autonomía e independencia en la discapacidad

    Misión: autonomía e independencia en la discapacidad

     

    ¿Cómo de importante para ti es poder disfrutar de la máxima autonomía e independencia posible?

    El objetivo de toda persona es perseguir la calidad de vida, entendida ésta como el bienestar emocional, físico, el desarrollo personal, la autodeterminación, las relaciones interpersonales, la inclusión social…  y la autonomía e independencia contribuye a ello.

    Por una parte tenemos la autonomía que hace referencia a tu capacidad para actuar libremente, tomando tus propias decisiones según tu criterio, sin estar condicionado por estímulos externos. Por ejemplo, tu padre insiste en que estudies administración y dirección de empresas porque él desea jubiliarse y quiere que tu lleves la empresa de la familia. Tu tomas la decisión de realizar los estudios, pero no es una decisión motivada por tu deseo interno de realizarla, sino que tomas la decisión impulsad@ por el deseo de hacer feliz a tu padre. Aquí podríamos decir que has perdido tu autonomía.

    Por otra, tenemos la independencia que es llevar a cabo una acción sin depender de otra persona. Por ejemplo, a pesar de tener una discapacidad puedes tener un trabajo y ser independiente económicamente.

    También, debes tener en cuenta que potenciar tu autonomía e independencia es básico para aumentar tu autoestima. Y es que una discapacidad afecta a todas las esferas de la vida, tanto la personal como la familiar, social o laboral y nos enfrenta a desafíos diarios en todos estos ámbitos.

     

    ¿Cómo se puede incrementar la autonomía y la independencia en la discapacidad?

    Para aumentarlas es importante centrarnos en dos niveles: por una parte, en ti como persona que tienes algún tipo de discapacidad y, por otra, en el entorno y la sociedad en general.

    En primer lugar, es fundamental un trabajo personal de autoconocimiento en el cuál seas capaz de descubrir tus capacidades, tus habilidades y tus puntos fuertes, potenciándolos para realizar acciones y superar retos, ya que ello incidirá en una mayor autoestima y motivación para ir avanzando en la superación de obstáculos para vivir con la mayor normalidad posible.

    En el caso del entorno y la sociedad en general, lo primero que hay que hacer es eliminar la creencia que una persona con discapacidad no es capaz para realizar determinadas acciones. Esa creencia predeterminada hace que se actúe de forma que no se escuchen ni se tengan en cuenta las necesidades de la persona pudiendo hacerla sentir con baja percepción de capacidad.

    En este punto, cuando sientes que te sobreprotegen, no permitiéndote hacer determinadas acciones por las cuáles tú te ves capacitad@ o te sientes motivad@ a hacer, es fundamental la comunicación, el poder expresar, por una parte, tus sentimientos y emociones y también lo que necesitas para poder disfrutar de una buena calidad de vida y, por otra, el escuchar a las personas que te cuidan para conocer sus razones, sus miedos y poderles dar tus argumentos y razonamientos para poder tomar una decisión acertada para mantener tu autonomía.

     

    ¿Qué acciones pueden potenciar tu

    independencia y autonomía personaL?

    Potenciar la máxima independencia posible en tus responsabilidades básicas

    Cuando puedes desarrollar por ti mism@ necesidades básicas como acostarte, levantarte de la cama, ducharte, vestirte…  o realizar pequeñas responsabilidades cotidianas como hacer las camas, poner una lavadora, preparar la comida, limpiar… sientes que puedes manejar cierta funcionalidad que contribuye a tu bienestar sintiéndote además útil realizándolas. Y una forma de llevarlo a cabo es buscar los recursos para facilitar estas tareas.

    Facilitarte ayuda desde la empatía (evitando el control)

    El hecho de tener un entorno de soporte que actúe cuando realmente lo solicitas sin intentar imponerse, favorecerá el sentido de seguridad y confianza en tí mism@. Asimismo, aumentará la percepción de autonomía e independencia, motivándote para ir avanzando en la superación de obstáculos para vivir con la mayor normalidad posible. Por el contrario, si tu entorno (padres, amigos o cuidadores) realizan las tareas que te corresponden a ti, para que no tengas que enfrentarte a ello, sin que tu hayas pedido ayuda, te generará tal inseguridad que podrá provocar una disminución importante de la autoestima y de la creencia de capacidad e, incluso, generar dependencia sintiéndote incapaz de realizar cualquier actividad sin ayuda por sencilla que sea. Un ejemplo, podría ser aquella chica joven que tiene una discapacidad leve y quiere independizarse pero sus padres no la dejan pensando que no podrá solucionar los obstáculos de vivir sola y la hacen creer que no será capaz.

    Realizar deporte

    Los deportes adaptados te pueden facilitar la rehabilitación y servir como terapia para que recuperes tu movilidad, la mejores o como estimulación a largo plazo. Además, puede fomentar tu integración social cuando se trata de deportes de equipo y ayudarte en el desarrollo de la autoestima. Y cuando la práctica es de un deporte a nivel profesional, los logros conseguidos aumentan tu autonomía personal y te ayudan al desarrollo global como persona.

    Participar en actividades de voluntariado

    Cuando participas en programas o actividades de voluntariado ello te permite sentirte parte del grupo, integrado y socialmente, más autónom@ e independiente, sintiéndote útil y parte de la sociedad.

    Socializarte e inclusión social

    La mejora de tu autoestima y tu autonomía implica, también, la inclusión social, garantizando que tengas las mismas oportunidades de participar en todos los aspectos de la vida al máximo de tus capacidades y deseos (acontecimientos sociales, culturales, deportivos, recreativos, etc.).

    Participar de una actividad laboral

    El empleo fomenta el desarrollo personal y es una vía de incorporación a nuestra sociedad. El trabajo es un medio a través del cual podrás adquirir una imagen más positiva y útil de ti mism@, el reconocimiento social, la pertenencia a un grupo social, el aumento de las relaciones sociales, la independencia económica, una mayor satisfacción y autonomía personal y libertad.

    Como puedes ver la solución pasa por la identificación de oportunidades y la determinación de los apoyos, planteando pequeños desafíos accesibles para ti, actuando desde la libertad de tomar tus propias decisiones (no influenciad@ por condicionantes externos), que te llevarán a tomar el control de tu vida, con lo que conseguirás reforzar la autoestima, la autonomía e independencia, que te llevará a una mayor libertad.

    Por otra parte, es importante la concienciación del entorno, por parte de todos, para desarrollar la empatía, la escucha activa, la comprensión y la motivación para que tú puedas desenvolverte con la autoconfianza necesaria que te ayude a potenciar tus capacidades y, con autonomía y libertad ir avanzando en la superación de pequeños desafíos.

    Si tú, que estás leyendo este artículo, tienes una discapacidad y crees que tus familiares o cuidadores te sobreprotegen, exprésales cómo te sientes, hazles partícipes de tus pensamientos y emociones y de cómo te afecta este comportamiento a corto y a largo plazo en referencia a adquirir esta libertad tan importante en tu vida.

    Si, en cambio, tienes algún familiar o amigo con una discapacidad te animo a motivarle para que entrene sus capacidades y habilidades llegando a adquirir la máxima autonomía e independencia posible.

     

    La autonomía no es algo que uno encuentra, es algo que uno crea. Thomas Szasz.

     Autora

    Lídia Palou

    Psicóloga y Coach. Especialista en discapacidad.

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    Cómo puedo ser más resiliente

    Cómo puedo ser más resiliente

    ¿Qué es la resiliencia?

    ¿Cuántas veces la vida nos pone a prueba con situaciones complicadas como una enfermedad crónica, una amputación, una paraplegia a raíz de un accidente, la muerte de un ser querido…?

    Y yendo un paso más allá, a veces nos preguntamos ¿cómo es posible que, después de todo lo que ha pasado esta persona, pueda afrontar la vida con este ímpetu y coraje?

    Estas personas son las que tienen la capacidad de ser flexibles ante estas situaciones límites, sobreponerse a ellas y, además, utilizar estas circunstancias para crecer y desarrollar aún más su potencial. Esto es lo que llamamos resiliencia.

    La clave de la resiliencia es no darse por vencido, manteniendo una actitud de flexibilidad y valorando diferentes alternativas, sin aferrarse insistentemente a una única solución.

     

    Las personas resilientes ¿nacen con esta esta capacidad o la aprenden?

    Todas las personas tenemos, en mayor o menor medida, la capacidad de sobreponernos a situaciones adversas.

    Las capacidades resilientes ya se empiezan a adquirir durante la infancia. Uno de los aspectos más importante en esta etapa es el vínculo que se establece con las personas significativas. Si en nuestra infancia recibimos amor, cariño, atención y comprensión, a medida que fuimos creciendo pudimos explorar y comprender el mundo con seguridad tanto emocional como física y ello hizo de nosotros un adulto fortalecido para afrontar las adversidades que nos pueda deparar la vida y, además, crecer a partir de estas experiencias.

    En el caso que no hayamos tenido este entorno de seguridad en nuestros primeros años de vida, no hay porque vaticinar que en la edad adulta seamos poco resilientes. Quizás, a medida que fuimos creciendo, pudimos encontrar diferentes formas de construir o reforzar estas carencias relacionales y reparar este vacío de la infancia.

    El desarrollo, entrenamiento y reforzamiento de esta capacidad de sobreponernos a las situaciones difíciles es lo que nos hace realmente resilientes.

     

    ¿Qué aporta ser más resiliente?

    Se ha observado que las personas más resilientes toleran mejor las situaciones estresantes o de sufrimiento, presentando una mayor capacidad de adaptación y un mejor equilibrio.

    Hemos de tener en cuenta que un elevado y continuado estrés provoca alteraciones bioquímicas. Una sobreexposición al cortisol u otras hormonas implicadas en el estrés puede modificar diferentes procesos de nuestro cuerpo haciendo que incremente el riesgo de padecer problemas de salud tales como presión arterial elevada, problemas cardíacos, aumento de peso, tensión muscular, deterioro de la atención, concentración y memoria, dolor de cabeza…

     

    ¿Cómo podemos ser más capaces de afrontar la adversidad?

    Para mejorar nuestra resiliencia ya en la edad adulta es importante fortalecer cualidades que nos faciliten la adaptación a una situación adversa. Para ello, no se trata de abrumarnos intentando potenciar todas las cualidades que mejoren la resiliencia sino que podemos empezar por atender y potenciar aquellas habilidades que más destacan en nosotros e ir avanzando poco a poco.

    Algunas técnicas que nos pueden ayudar a mejorar nuestra resiliencia son:

    Aprender a conocernos más a nosotros mism@s. Nos ayudará a descubrir cuáles son nuestras principales fortalezas y habilidades, así como las limitaciones y debilidades para poder incidir en los aspectos en los que podemos mejorar.

    Asimismo, aprenderemos a identificar, reconocer y expresar adecuadamente las emociones intensas (sin temerlas ni huir de ellas), lo que a su tiempo nos abrirá opciones para afrontar las situaciones complicadas.

    Cultivar las relaciones sociales positivas. Aunque parezca una característica poco importante a simple vista, el cultivar amistades que mantengan una actitud positiva ante la vida es un buen sustento en momentos de sufrimiento. Mientras que si estamos en un entorno de amistades “tóxicas” nos llevará a quebrarnos fácilmente a nivel emocional.

    Trabajar la autoestima, seguridad y confianza en nosotros mism@s. Creer y tener la confianza y seguridad de que podemos influir en lo que sucede a nuestro alrededor hará que nos focalicemos en nuestras propias capacidades para resolver problemas que de otra forma se cronificarían en el tiempo.

    Desarrollar el “humor” como una forma de enfoque positivo. El sentido del humor se puede considerar una “herramienta” clave que nos permite enfocar en los aspectos positivos de las situaciones. Nos facilita reelaborar el significado de aquella situación y comprender la realidad. Nos ayuda a relativizar las experiencias.

    Entrenar la flexibilidad. Ser flexibles es la capacidad de mantener una perspectiva más amplia cuando enfrentamos situaciones difíciles teniendo la capacidad de adaptarnos a los cambios a pesar de desviarnos del camino que nos hemos marcado, aprendiendo a asumirlos y así fortalecer nuestra tolerancia a los fracasos, pérdidas, frustraciones, reveses… Es aceptar las circunstancias que no se pueden cambiar y comenzar a trabajar sobre los aspectos que sí son modificables.

    Vivir en el aquí y ahora. Vivir el presente, disfrutar de lo que está ocurriendo en el preciso momento que sucede, nos ayuda a dejar de sentirnos abrumados por lo que ya pasó y que no podemos cambiar o el vernos inmersos en las preocupaciones e incertidumbre del futuro. Vivir el presente nos ayuda a controlar cómo reaccionamos ante lo que nos ocurre renunciando al control de lo que sucede a nuestro alrededor.

    Ejercitar el pensamiento constructivo. Nuestra capacidad de elaborar pensamientos constructivos va a marcar cómo afrontamos las situaciones complicadas. Al cambiar un pensamiento negativo por uno constructivo provocaremos en nosotros un cambio en nuestra reacción emocional (ya que ésta depende de la interpretación que hacemos de la situación) que nos encaminará hacia la acción para encontrar una solución acertada.

    Puedes luchar, puedes quejarte de todo lo que has perdido… o puedes aceptarlo e intentar sacar algo bueno de ello. Elizabeth Edwards

       Autora

    Lídia Palou

    Psicóloga y Coach. Especialista en discapacidad.

    Estoy a tu disposición para cualquier duda o consulta que desees hacerme. 

    Películas sobre discapacidad para reflexionar

    Películas sobre discapacidad para reflexionar

    Es realmente revelador conocer, a través de películas, historias, algunas basadas en hechos reales, de personas con distintas discapacidades que llegan a superar sus propios límites. Nos transmiten como a través de los valores (el compañerismo, la superación, la fortaleza, la empatía, la aceptación, la autoestima, el amor, el respeto…) se puede llegar a conseguir metas que pueden llegar a sorprender.

     

    Intocable (Francia, 2011).

    Cine en Antena 3: François Cluzet y Omar Sy dan una lección de vida en ' Intocable'

    Director: Olivier Nakache.

    Se basa en una historia real donde se nos expone dos mundos totalmente opuestos, el de una persona de la alta sociedad, con una vida ideal que, un día cambia, después de sufrir un grave accidente de parapente que lo deja en silla de ruedas y, el de un asistente, procedente de un barrio marginal, con antecedentes penales.

    Poco a poco, la distancia que los separa va desapareciendo mostrando que, en realidad, no son tan diferentes. Cada uno se encuentra atrapado en sus limitaciones, carencias e incomprensiones. Cada personaje aprende del otro y así superan sus propias limitaciones y disfrutan de lo que la vida les ofrece.

    Es una película que nos da una auténtica lección sobre la vida y la amistad, que nos enseña a enfrentar la vida con determinación y una actitud positiva.

     

    La teoría del todo (Estados Unidos, 2014).

    La teoría del todo', película sobre Stephen Hawking | RCN Radio

    Director: James Marsh

    Otra película basada en hechos reales, expone la vida del astrofísico Stephen Hawking y su primera esposa Jane Wilde, principalmente desde el punto de vista de Hawking, pero también muestra la perspectiva de quienes tienen que convivir con él, especialmente su esposa.

    Detalla, en el contexto del avance de la enfermedad de esclerosis lateral amiotrófica, que le hace vivir a expensas de una silla de ruedas y de un aparato que traduce sus pensamientos en palabras, como a través de la valentía y el coraje, mantiene su fuerza de voluntad para mantener su brillantez y gran aportación al mundo de la ciencia.

    Esta película nos demuestra de lo que podemos llegar a ser capaces cuando unimos la perseverancia y el valor, nos enseña como a pesar de tener barreras se puede llegar a límites insospechados.

    No importa lo difícil que pueda parecer la vida, siempre hay algo que puedes hacer y en lo que destacar.

     

    El truco del Manco (España, 2008).

    Prime Video: El truco del manco

    Director: Santiago A. Zannou.

    Nuevamente una película que coloca la superación en el tema principal del largometraje. Es una lucha constante por parte del protagonista, un joven de 28 años, con parálisis cerebral, que reside en un suburbio a las afueras de la ciudad, para conseguir su mayor sueño. Sin embargo, esta situación no es para él un impedimento en su afán para conseguir su propio estudio de grabación para crear su música.

    Nos mezcla dos aspectos que no juegan a favor del protagonista, por una parte la parálisis cerebral y por otra el hecho de vivir en un barrio pobre y marginal y, aunque la vida no se lo pone fácil, lucha para darlo todo para conseguir su sueño.

     

    De óxido y hueso (España, 2012).

    Prime Video: De óxido y hueso

    Director: Jacques Audiard.

    Enfrenta dos personajes muy diferentes, pero que comparten la inconformidad con sus vidas.

    El hombre parte de cierta inestabilidad para reestructurar y asentar su vida desde el momento que se hace cargo del cuidado de su hijo de cinco años, mientras que la mujer muestra estabilidad hasta que ésta se ve truncada por un accidente donde pierde ambas piernas y tiene que aprender a caminar y a vivir con prótesis.

    De esta película destacaría, aparte de la capacidad para sobreponerse a las duras circunstancias, el proceso de normalización de la discapacidad, partiendo de la negación hasta enfocarse al reto de conseguir su autonomía. Sin embargo, también se refleja la dura realidad de la adaptación de personas con discapacidad a la vida social.

    De alguna forma deja en entreabierto la fragilidad física y la fortaleza espiritual, en un contexto de superación personal, de la discapacidad en un marco de naturalidad.

     

    Mi pie izquierdo (Irlanda, 1987).

    Mi pie izquierdo': 30 años de la interpretación con la que Daniel Day-Lewis  conmovió al mundo

    Director: Jim Sheridan.

    Otra película basada en hechos reales donde el protagonista, con parálisis cerebral nos demuestra como gracias a la constancia, firmeza y perseverancia junto al apoyo de su madre consigue derribar todas las barreras que aparecen en su camino.

    Nos muestra la importancia de que, a pesar de las dificultades, es importante la aceptación de la realidad, para poder abrir nuevos caminos siendo reconocido a nivel mundial como escritor, pintor y poeta.

     

    “La discapacidad no te define; te define cómo haces frente a los desafíos que la discapacidad te presenta” (Jim Abbott).