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Berta tiene 40 años y padece una distrofia muscular degenerativa. Ya en la infancia caminaba con dificultad hasta que a los 11 años de edad, precisó de silla de ruedas para desplazarse.

Recuerda la escuela con tristeza. No salía al recreo porque la escuela no estaba adaptada para personas con discapacidad física, quedándose sola en clase, así como tampoco podía ir a excursiones. En la clase la sentaban en la última fila para que no estorbara con la silla.

Por su forma de andar fue objeto de risas, miradas y empujones continuos, que la hacían caer al suelo, así como sentirse ignorada y aislada por parte de sus compañeros de clase. A pesar de que eran cuarenta niños en clase le resultaba muy complicado tener amigos.

Actualmente, arrastra consecuencias de este periodo, que ella define como muy duro. Mantiene baja autoestima, con necesidad de aprobación por parte de su entorno, evitando los conflictos y valorándose escasamente.

Tiene habilidades para el dibujo y la pintura y, a pesar de que su entorno se lo dice, duda de su capacidad.

El caso de Berta es un claro ejemplo de acoso escolar o Bullying.

Como ella comenta en la entrevista, hace unos años, era un concepto escasamente conocido y al que apenas se daba importancia. Sin embargo, en la actualidad oímos hablar mucho de acoso escolar o bullying, pero ¿exactamente qué es?

Es un fenómeno que se caracteriza por un acto intimidatorio físico o psicológico por parte de una o varias personas hacia otra, que sobresale por una característica que es cogida por el “abusador” o “abusadores”.  Dicho acto se prolonga en el tiempo. Puede ser fácil de detectar dado que se da delante del grupo-clase, pero en muchas ocasiones sucede de manera sutil y pasa desapercibido. A nivel físico el agresor puede dar golpes, patadas, pellizcos… mientras que a nivel psicológico profiere insultos, burlas, ignora… a la víctima. Dicho comportamiento mantenido en el tiempo genera en la víctima baja autoestima, depresión, ansiedad, bajo rendimiento académico, fobias, desconfianza en los demás, sentimiento de soledad… y estas consecuencias traspasan en la vida adulta.

Algunas consecuencias del acoso escolar en los adultos:

Los efectos del acoso escolar dependen de diferentes factores como el tipo e intensidad de abuso, la duración, las características de la persona que lo sufre y, el apoyo recibido en aquellos momentos.

  • Dificultades en las relaciones sociales. El aislamiento social que se da en la edad escolar como mecanismo de defensa tiende a mantenerse en cierta forma en la edad adulta. Estas personas suelen ser introvertidas, con dificultades para relacionarse y confiar en los demás por temor a posible insidia y, en los casos más extremos, pueden desarrollar fobia social.
  • Baja autoestima. El acoso conlleva baja autoestima, hace que la persona pierda la confianza en sí misma y en sus capacidades, que se sienta poco válida.
  • Dificultades para establecer límites a los demás. Son personas que evitan el conflicto, por lo que obvian dar su opinión, emitir quejas o desacuerdos, eludiendo la confrontación a toda costa, lo que fácilmente acaba haciendo mella en su salud, disminuyendo aún más la autoestima y provocando ansiedad.
  • Estrés. La persona experimenta elevados niveles de estrés de forma sostenida ante el miedo a las agresiones, que pueden limitar en la edad adulta su capacidad para responder a situaciones que ellos perciben similares.
  • Trastornos psicológicos. La manera de funcionar de la persona en el presente se ve condicionada por alteraciones psicológicas, consecuencia del acoso, como ansiedad, depresión, fobia social…

 

¿Qué puedes hacer para compensar las consecuencias del bullying en la edad adulta?

El acoso laboral puede dejar una huella negativa en la persona que lo ha sufrido, sin embargo existen diferentes estrategias que puedes poner en práctica:

  • Trabajar la forma de interpretar los pensamientos automáticos negativos y el significado que les das, dado que los pensamientos juegan un papel importante en cómo te sientes y te comportas. Si los pensamientos son distorsionados con mucha probabilidad te sentirás mal y, al contrario, si son más adaptativos y/o positivos.
  • Tomar el conflicto como una oportunidad para afrontar y resolver una situación, de la cuál puedas aprender y, en la que ambas partes podéis perder algo, sin embargo, al mismo tiempo también ganar. Deshaciendo la creencia de que en un conflicto siempre hay uno que gana y otro que pierde.
  • Aprender técnicas para mejorar tu autoestima, cómo hacerte consciente de la forma en que te hablas, enfocarte en tus habilidades y fortalezas y reconocer tus propios logros.
  • Pedir ayuda profesional en caso de dificultades que no puedas enfrentar tu sol@. 

Lídia Palou

Psicóloga y Coach. Especialista en discapacidad.

Colegiada por el Colegio Oficial de Psicólogos de Catalunya. 

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