En esta guía vas a conocer las 10 claves para conseguir aceptarte y ser una persona feliz. Vas a reforzar tu autoestima y a sentirte libre.

Si las pones en práctica, una por una, a lo largo de mínimo una semana, vas a observar cambios importantes en ti mism@, cambios que nunca antes te habrías imaginado.

Me gustaría empezar explicándote la fábula del Cántaro agujereado:

En un lejano lugar de las montañas vivía un campesino que bajaba todos los días con dos cántaros de barro hasta el arroyo que cruzaba el valle y allí los llenaba de agua para regar su huerta.

Con los cántaros colgando en ambos extremos de una vara de madera, subía por un empinado sendero hasta su terreno, que estaba en lo alto del cerro. Era un trabajo arduo, pero al hombre le gustaba mucho cuidar de su huerta.

Un día caluroso de verano decidió tomarse un descanso a mitad de camino y, al dejar los cántaros en el suelo, un guijarro hizo un pequeño agujero en uno de ellos. Meses más tarde, mientras el hombre dormía la siesta a orillas del arroyo, el cántaro que estaba intacto le dijo al otro:

– Tú no sirves para nada.

– ¿Por qué dices eso? – preguntó el cántaro agujereada.

– Porque tienes un agujero. Todos los días nuestro amo hace un gran esfuerzo para acarrear agua hasta su huerta, pero cuando llegamos allí, has perdido la mayor parte por el camino.

Al oír eso, el cántaro agujereado se entristeció mucho y al día siguiente le dijo al hortelano:

– Estoy muy triste.

– Dime, amigo mío, ¿por qué estás triste?

 

– Porque cada día me llenas de agua y subes con gran esfuerzo hasta la huerta, pero para cuando llegamos, la mayor parte del agua se ha escapado por el agujero.

– Es verdad, tienes un agujero – dijo el campesino -, pero ¿sabes lo que significa eso?

 – Significa que no sirvo para nada, que ya no puedo cumplir con mi función, que es contener agua – respondió el cántaro, sintiéndose aún más triste.

– ¿Te has fijado en el camino que sube a la huerta? –Preguntó el hombre -.

Gracias a ti, la orilla del sendero ahora está llena de flores. Cuando me di cuenta de que tenías un agujero, empecé a arrojar semillas a lo largo de todo el camino. Ahora el sendero está adornado de bellos colores, y las abejas vienen a recoger el néctar de las flores. Como ves, no eres inútil en absoluto.

Prem Rawat

Rawat nos invita a realizar un trabajo de introspección, a mirar hacia nuestro interior para reconocer las habilidades que tenemos y que muchas veces desconocemos y, a encontrar la parte positiva de nuestras carencias, así como a ser flexibles para adaptarnos a las circunstancias.

¿Y cómo aprender a observar tu interior?  ¿Cómo encontrar esta parte positiva de tus carencias? ¿Cómo adaptarte a las adversidades que te depara la vida?

La primera clave reside en incrementar la consciencia de uno mismo y entrenar la capacidad de introspección.

¿Y Cómo lo vas a hacer? Vas a detenerte a observar tus sentimientos, pensamientos y sensaciones, capacidades, virtudes e imperfecciones y tus logros.

De esta forma tendrás la posibilidad de identificar y reconocer las causas de tus sentimientos, emociones o conductas y, de encontrar explicaciones y soluciones o alternativas a los sucesos que te afectan. Es importante que te des cuenta cuando te lamentas, te culpas o culpas a los demás. Lamentarte y focalizarte en tus debilidades únicamente te bloqueará y hará que no puedas ver más allá de la dificultad.

Para ello mi recomendación es que hagas un diario. En este diario vas a anotar las situaciones que te ocurren, qué sentimientos y emociones importantes te generan y de qué forma te llevan a actuar.

La autoaceptación es la segunda clave en este entramado. Es aprender que las cosas son así, de esta forma, reconociendo y admitiendo que es lo que hay, sin evitarlo o negarlo. A veces es difícil, porque llevamos al presente aprendizajes del pasado, como cuando en nuestra infancia nos decían que si nos esforzábamos lo podríamos conseguir todo y, realmente no es así, hay cosas que no es suficiente con esforzarse y uno no puede controlarlas.

Cuando tus juicios ante la situación empiezan a tener fuerza, tu comportamiento y tus decisiones van en concordancia a lo que piensas. Por ello, el hecho de aceptarte a ti mism@ tiene una gran influencia en tu comportamiento, en las decisiones que tomas y en tus relaciones sociales.

Si te das cuenta, cuando te ocurre algo que tu interpretas como desagradable o que te genera elevado malestar, en el mismo momento, lo vives como algo muy intenso y actúas quizás evitando algo, con irritabilidad, con miedo… Te identificas con tus pensamientos, sentimientos y emociones. Al cabo de dos días estás preocupado, sin embargo ya algo menos, dado que lo ves ya con más perspectiva (empiezas a desidentificarte de estos pensamientos) y, al cabo de cinco días ni te acuerdas.

Es importante hacer el trabajo de tomar perspectiva de lo que te ocurre. Y ello, lo puedes hacer haciendo el ejercicio de mirar lo que te ocurre en perspectiva, es decir, desidentificándote de estos pensamientos negativos. Debes tener en cuenta que tú no eres tus pensamientos, estos vienen y van. Es como si tu fueses el cielo y las nubes tus pensamientos. Las nubes van pasando, transcurriendo al igual que los pensamientos.

Como explica Cisco García, abogado, que un accidente de snowboard le dejó en silla de ruedas, la clave está en centrarte en las cosas buenas que te pasan y quitar importancia a las cosas malas que te ocurren, que en el momento parecen gravísimas aunque en la realidad no lo sean tanto. Él pone el ejemplo que no ve tan grave no poder caminar, dado que no deja de ser una forma de movernos y él lo puede hacer con una silla y añade: “Puede ser un pensamiento loco, pero ¿de qué me sirve pensar lo contrario?”

Para avanzar debes ser consciente de tus limitaciones y aceptar tu nueva situación, centrarte en lo que está bajo tu control y, partir de aquí, para mejorar dicha situación. De nada sirve pensar en lo que no puedes hacer y quedarte enganchado en lo que ya no puedes cambiar.

Tu vida va a cambiar cuando cambies tu perspectiva de las cosas, cuando cambies hábitos, cuando asumas la adversidad como parte de la vida.

 

Para aceptarte debes poner en marcha la tercera clave, el disminuir los pensamientos negativos y la autocrítica.

Saber que no puedes volver atrás es una sensación realmente dura y no es nada extraño que te regodees en la tristeza, la ansiedad, la rabia, la culpa… dando vueltas a esta situación que te genera esos pensamientos negativos.

La autocrítica se nutre de la confusión provocada por tus preocupaciones y emociones, siendo su coste emocional importante, debilitando tu autoestima y generándote un estado de ánimo disfórico, con angustia e irritabilidad.

A ello, se añade el miedo a equivocarte, el miedo al fracaso. Inevitablemente como humanos que somos, somos imperfectos y cometemos errores y, ello no debe servirte para dramatizar o magnificar lo que te ocurre, sino que debes comprender las circunstancias de cada momento y tomarlo como un aprendizaje, una ayuda para crecer como persona.

¿Quizás te acuerdas de los errores que cometiste el año pasado? Seguramente no te acuerdas y, si ahora alguno te viene en mente, al verlo en perspectiva, quizás no lo tomes ni como error, dándote cuenta de lo exagerad@ que fuiste en aquél momento y de cómo te llegaste a castigar innecesariamente.

El miedo a fracasar, en ocasiones, tiene tal intensidad que te puede llevar a caer en la inseguridad. Te puedes ver incapaz de tomar decisiones o con dificultades en las relaciones sociales, encontrándote atrapado bajo esta falsa capa que no te deja vivir con libertad. Por ello, mi consejo es: aunque tengas miedo haz lo que quieres hacer.

 Debemos ocuparnos del miedo, cuarta clave. En primer lugar el miedo al qué dirán. ¿Cuántas veces has dejado de hacer algo por el miedo al qué dirán? ¿Y qué sensaciones te han invadido después?

Si quieres ser “el amo” de tu vida, rígete por tu intuición. Si tienes claro que quieres hacer algo, hazlo. Si lo consigues, un paso más que has avanzado. ¿Qué no lo consigues? habrás aprendido a como no hacerlo y buscar otras posibilidades. Si no lo intentas siempre te quedarás con la duda del resultado y qué lugar hubiera tenido éste en tu vida. Pero… ¿Y cuando aparece la duda por qué te aconsejan algo diferente? Da prioridad a lo que tú has pensado, lo que te aconsejen puede servir a otra persona, pero ¿Quién te asegura que te pueda servir a ti? Además, corres el riesgo de vivir la vida que quieren los demás.

Ten en cuenta que la gente que no se vea capaz de hacer las cosas que tú quieres hacer te dirán que no puedes, dado que se lo mirarán desde su perspectiva, no desde la tuya.

Asimismo, el miedo y la vergüenza a exponerte a la sociedad, a que te miren, a que te juzguen, a que te pregunten… La única forma de superar estos miedos es exponerte. Si te vas exponiendo a la situación regularmente, vas a notar como poco a poco este miedo y esta vergüenza van desapareciendo hasta llegar un momento que ya no piensas en la gente y no te importa ir a cualquier sitio, aunque te pregunten.

También es importante el miedo a sentirte diferente y rechazado. Por ejemplo, no es fácil, para una persona en silla de ruedas, estar en una conversación donde todos están de pie y él/ella está en un nivel más bajo. Se dificulta la conversación. O para una persona con hipoacusia encontrarse en un evento donde puede haber un cúmulo de voces que se entrelazan y que hace que no pueda entender lo que se habla.

Ello puede hacer que pierdas la confianza en ti mism@ y acabas actuando en consecuencia, distanciándote, no preguntando cuando no entiendes algo…

O también, en muchas ocasiones, las personas no saben cómo interaccionar con alguien con diversidad funcional y sin pretenderlo pueden tomar distancias que parezcan que rechacen.

En esta situación, es fundamental la actitud que puedas tomar y la confianza en ti mism@ que demuestres y traslades a la gente. Si tú actúas de forma positiva, sin intentar transmitir lástima ni caer en el victimismo, ello hará que normalices la situación y te traten con absoluta normalidad.

Un error es esperar a que el miedo desaparezca para hacer la actividad que deseas. Piensa que el miedo no va a desaparecer hasta que lo enfrentes cara a cara y hagas lo que quieras hacer, con miedo.

 

 La quinta clave es el respeto a un@ mism@. Como he comentado es importante aceptar y adaptarnos a las cosas, dado que no siempre está a nuestro alcance el poder conseguir nuestros objetivos. Sin embargo, esto no debe llevarnos a conformarnos, a desistir a la primera, sino que es importante luchar por lo que queremos y si, después de haberlo intentado, vemos que no lo podemos conseguir, entonces lo aceptamos y nos adaptamos.

Aquí es donde empieza el respeto a uno mismo, siendo fiel a nuestros principios y no conformándonos con lo que no nos hace feliz.

No permitas que lo que pueda pensar la gente dirija tu vida. Sé el dueño de tu vida. Conformándote, a la larga terminarás engañándote, porque quizás no eres feliz en tu trabajo o no te sientes a gusto con el grupo de amigos que tienes.

Así que, si ves posibilidades intenta hacer cambios, esfuérzate por cambiar tu situación, respétate a ti mism@.

Y me vas a decir, claro muy fácil decirlo… Entiendo que es un cambio y como todo lo nuevo y desconocido despierta el miedo. Piensa que el miedo no es tu enemigo, sino tu aliado, te está protegiendo, pero no debes darle más rienda suelta, ya te ha avisado de un posible “peligro” y, dado que ya estás atent@, ahora puedes dejar de prestarle atención y focalizarte en lo que quieres cambiar.

Un ejemplo muy claro que yo observo en mí día a día es el descontento con el trabajo. ¿Cuánta gente no es feliz en su trabajo, lo pasa mal y sufre? Y a pesar de ello se conforma, aguanta y no hace nada. Yo les diría que no es lo que les ha tocado vivir, que valoren sus posibilidades. Que no se están respetando a sí mismos, así como tampoco se rigen por sus principios y que deben tener en cuenta que pasan buena parte del día en sus trabajos y, que depende de la edad que tengan, les quedan miles de horas laborales, años.

Todo empieza por una buena actitud, esfuerzo, perseverancia y facilidad de adaptación.

La asertividad, sexta clave, es la habilidad social que nos permite expresar nuestros derechos, opiniones, ideas, necesidades y sentimientos de forma consciente, clara, honesta y sincera, sin herir o perjudicar a los demás.

Cuando te comunicas de manera asertiva actúas desde un estado interior de autoconfianza y autoafirmación en vez de hacerlo desde las emociones limitantes que te puedan invadir (ansiedad, la culpa, la rabia…).

¿Te pasa que a la hora de rechazar peticiones te sientes culpable?

¿Das más credibilidad a lo que piensan o sienten los demás, por encima de lo que piensas o crees tú, por temor a que se ofendan?

¿Das explicaciones de tus comportamientos buscando la aprobación de los demás?

¿Adaptas tus comportamientos a las demandas de los demás o a lo que creen que se espera de ti?

¿Anticipas consecuencias negativas, como el rechazo, si expresas tus sentimientos o deseos a los demás?

Entonces, te animo a entrenarte en defender tus derechos y expresar tus propias emociones, manifestando tu desacuerdo o desagrado de forma adecuada.

Una primera acción que puedes poner en práctica es el romper con la creencia de asumir que los demás saben lo que te ocurre o lo que quieres. No puedes pretender que tus amigos, familiares o pareja sepan cómo te sientes o lo que deseas, si no lo has puesto en palabras. Así que, una buena forma de practicar la asertividad es hablando, comunicándote, mostrándote frente a ellos tal cual eres.

También puedes empezar a practicar el decir NO en las situaciones que realmente para ti sean NO y que en otras circunstancias habrías acabado diciendo Sí para que el otro/a no se ofenda.

Otra técnica es no justificarte cuando das tu opinión o tomas una decisión. ¿Qué hay detrás de la necesidad de justificación? Ganar aprobación, estima, aceptación… Esta necesidad a agradar y complacer a los demás muestra tu falta de autoconfianza e inseguridad.

Para dejar de justificarte debes tomar tus decisiones o dar tus opiniones con seguridad. Debes tener en cuenta que el motivo sea claro, conciso y escueto, sin rodeos en tu explicación, exponiéndolo con seguridad, contundencia y sin dudar en la exposición.

Debes sentirte en la certeza y entereza de tener el derecho de tomar tus propias decisiones, aun a riesgo de equivocarte.

Mi mayor consejo es que seas consciente de lo que sientes y deseas en cada momento y que te aceptes incondicionalmente independientemente de la aceptación de los demás.

La séptima clave el estado de ánimo, fundamental a tener en cuenta. No siempre tienes el estado de ánimo correcto para ir afrontando los problemas con los que te vas cruzando en el camino. En algunos momentos serás capaz de normalizar la situación y mirar hacia adelante, pero hay días que el tema se complica, que realmente “te pesa” mucho lo que te ocurre y brotan emociones desagradables. Está bien también sentirte así.

Las emociones son reacciones que todos experimentamos: alegría, tristeza, miedo, ira… Se clasifican en agradables y desagradables en función de su contribución al bienestar o al malestar. Nos ayudan a reaccionar con rapidez ante acontecimientos. Cada emoción prepara al organismo para una clase distinta de respuesta; por ejemplo, el miedo provoca un aumento del latido cardiaco que hace que llegue más sangre a los músculos favoreciendo la respuesta de huida.

Cada persona experimenta una emoción de forma particular, dependiendo de sus experiencias anteriores, su aprendizaje y de la situación concreta.

No podemos desconectar o evitar estas emociones. Cualquier intento por controlarlas, a través del consumo de tabaco, alcohol u otras drogas puede generar problemas más importantes a largo plazo. Por ello, es fundamental aprender a transitar estas emociones desde nosotr@s mism@s.

Para ello, te animo a tener en mano el diario que has realizado al inicio de la Guía, que te servirá de ayuda para identificar las emociones que estás sintiendo (tristeza, soledad, miedo, angustia, rabia, culpa, vergüenza, frustración, sufrimiento…), entrando en contacto con ellas, con las sensaciones, buscando qué intención positiva hay detrás de cada una, qué tratan de decirte; abrazando estas emociones y tratándote con comprensión y afecto.

En este contexto, una octava clave es la autocompasión. Implica aceptar nuestras imperfecciones y aceptar que la fragilidad y vulnerabilidad es propia de todos, brindándonos un buen trato, sin juicios, a pesar de las situaciones que nos ocurran, de lo que nos toque vivir o, también, cuando las cosas no nos salgan como nosotros desearíamos.

También debes asumir que eres el único responsable de tu propia vida, de las elecciones que realizas, de las consecuencias de tus actos, de los valores con los que te identificas, de los comportamientos frente a los demás…

La responsabilidad, novena clave, es una actitud que nos lleva a la acción. La responsabilidad es asumir las consecuencias de tus propios actos y buscar soluciones a tu situación.

Cuando nos vienen adversidades importantes, todos, en algún momento, nos hemos manejado más o menos tiempo en el sentirnos “hundidos”, en buscar excusas y culpar a los demás de lo que te ocurre. Todo ello, a largo plazo, nunca tiene efectos positivos, te limita de abrirte a nuevas posibilidades. Piensa que de ti y, únicamente de ti, depende como vives y que, por mucha ayuda que recibas, si tú no afrontas la situación difícilmente la superarás.

Por último, la décima clave son los objetivos que te vas marcando a lo largo de la vida. Para vivir una vida plena es importante irnos marcando objetivos, ya sean más grandes o más pequeños, más a largo plazo y a corto plazo. Deben ser objetivos que te ilusionen, que te motiven, en los cuáles disfrutes del proceso. Es fundamental, enfocarte hacia una meta y orientarte hacia ella paso a paso, marcándote poco a poco pequeñas submetas, lo que hará que te sientas más capaz y confiad@ de tu propia valía y, al mismo tiempo, puedas observar cómo vas avanzando.

Ahora solo te queda poner cada paso en práctica y de esta forma recuperar la confianza, que has perdido, contigo mism@ y observar la de cosas que puedes hacer.

Se trata de poner todo tu empeño en ello, alcanzando el equilibrio en tu vida, logrando un mayor bienestar físico y psicológico.

 

Lídia Palou