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Vivimos en un mundo dónde emitir prejuicios sobre los demás es una costumbre social habitual y, en muchas ocasiones, sin conocer realmente a la persona en cuestión. Simplemente basándonos en un rumor, una primera impresión o incluso a partir de un comportamiento aislado.

¿QUÉ ES UNA ETIQUETA?

Es una forma de identificar a una persona utilizando términos que supuestamente proporcionan información acerca de aspectos de las personas.

Nos atrevemos a definir a los demás, así como otros se toman la libertad de podernos etiquetar y, en la mayoría de ocasiones, sin tener una información contrastada y verídica acerca de cada un@. Simplemente porque existe una divergencia de opinión, por la profesión, por la pertinencia a un grupo determinado, por el estilo de vestir, por la forma de vivir, por un comportamiento determinado, por una costumbre, por una enfermedad… vemos que se pueden generar en función de múltiples motivos.

¿CÓMO INFLUENCIAN LAS ETIQUETAS?

Ya en nuestra infancia nuestro entorno cercano (padres, profesores, amigos, familiares…) nos van trasladando etiquetas que nosotros vamos integrando y que condicionan de alguna manera nuestra identidad, autoconcepto y autoestima que se están desarrollando, indiferentemente si se trata de etiquetas positivas o negativas, contribuyendo al desarrollo de una autoestima dañada.

Así, si cuando eras niñ@, continuamente te decían que eras un genio en los estudios, si alguna vez habías suspendido un examen, posiblemente no supieras gestionarlo por dificultades de aceptación. Probablemente lo que hicieras fuera culpar al profesor, de realizar una mala evaluación, sin tomar responsabilidad. Mientras que si te dijeron que eras un inepto, posiblemente consideraras que no eras capaz de resolver lo que te pedían sintiendo la necesidad de ayuda de otros para la resolución de tus problemas, diciéndote a ti mism@ que eras incapaz para aprender, por tanto, ¿por qué esforzarte cuando no lo conseguirás?

ETIQUETAS PERSONALES NEGATIVAS

En este contexto se incluye aquellos calificativos peyorativos por capacidades, condiciones o enfermedades, en las que se encuadra a las personas, y a las cuales generan inseguridad y sensación de rechazo (aburrido, disléxico, vago, inválido, torpe, cojo, sordo…).

Imagina que cuando eras niñ@ constantemente te decían que eras torpe.  Esto posiblemente afectó realmente tu forma de desenvolverte, convirtiéndose esta etiqueta en tu voz interior ahora que eres adulto, asumiendo este rol, generándote problemas en el desempeño de actividades futuras.

En este contexto puede aparecer el efecto Pigmalión, el proyectar una creencia sobre ti que, aunque no sea verdadera, hace que tu autoestima disminuya influyendo negativamente en tu capacidad de desempeño, tendiendo a comportarte en la dirección de esta creencia.

Y es que en mayor o menor medida a todos nos impacta lo que se piense u opine de nosotros. Las etiquetas van a condicionar y delimitar tu diálogo interno, la valoración de ti mism@ y tus relaciones.

ETIQUETAS PERSONALES POSITIVAS

Dentro de las etiquetas positivas podemos distinguir dos tipos:

Aquellas que se apoyan en un exceso de expectativas que depositan sobre ti un elevado malestar complicado de gestionar y que, de alguna manera, afectan negativamente a tu autoestima. Se basan en creencias acompañadas de las palabras “siempre” o “nunca”, teñidas de perfección desatando el temor a defraudar al otro, no pudiendo cumplir dichas expectativas. Causan frustración y sentimientos de inferioridad al no cumplir con la etiqueta asignada.

Por otra parte, tenemos aquellas etiquetas que ayudan a la persona a mejorar, que le facilitan apoyo o estrategias e incluso necesidades especiales. En este caso nos referimos, por ejemplo, a los diagnósticos clínicos (siempre y cuando no exista una sobre-diagnostación). El diagnóstico de un trastorno o enfermedad abre las puertas a un tratamiento clínico adecuado a las necesidades de las personas para ayudarles a superar sus dificultades.

Sin embargo, estas etiquetas pueden volverse negativas cuando se dirigen a las personas tachándolas de inválida, coja, sorda, esquizofrénica, hiperactiva…

CÓMO DESHACERTE DE LAS ETIQUETAS.

Como ya se ha mencionado anteriormente, aunque las etiquetas sean positivas, no es conveniente identificarse con ellas, dado que resultan limitantes y  obstaculizadoras.

Para deshacerte de ellas te animo a seguir tres pasos:

  • Identificar y reconocer la etiqueta que reside en tu mente. Tener claro que tú no eres la etiqueta. Ésta tiene que ver con tu comportamiento, no contigo.
  • Aceptar que tienes esta etiqueta y analizar la información que te aporta para entender qué comportamientos te hace llevar a cabo.
  • Analizar y cambiar los pensamientos distorsionados que vienen de esta etiqueta sustituyéndolos por pensamientos más realistas y adaptativos, valorando tus comportamientos.

Realiza el ejercicio y observa atentamente los cambios positivos.

El significado y la intención que les des a las etiquetas marcarán, en menor o mayor medida, tu vida.

  

Autora

Lídia Palou

Psicóloga y Coach. Especialista en discapacidad.

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