Seleccionar página

 

¿Has intentado alguna vez hacer ejercicio físico o perder peso? 

Es posible que empezaras con muchas ganas, pero poco a poco, se te hiciera “cuesta arriba” y, ante las dificultades añadidas de la discapacidad, perdieras esa “fuerza”, terminando por abandonar la acción que te habías propuesto.

¿Te identificas? Aquí podríamos decir que perdiste la motivación.

Lo cierto es que cambiar un hábito, llevar a cabo una acción o introducir algo nuevo en nuestra vida, en ocasiones, resulta difícil. Sin embargo, si “alimentas” esa voluntad te permitirá seguir adelante e incluso en las situaciones más complicadas.

 La Real Academia Española define la motivación como “el conjunto de factores, internos y externos, que determinan en parte las acciones de una persona”.

Podríamos decir que es como la fuerza que te hace actuar orientándote a lograr un objetivo o a satisfacer una necesidad.

 Tu grado de motivación no viene dado únicamente por el valor de aquello que lo provoca, sino también por la importancia que le das tú.

Tipos de motivación: 

La motivación intrínseca nace de ti, de tu interior con el fin de satisfacer tus deseos, necesidades, intereses, curiosidad, satisfacción, disfrute… Es tu propia voluntad de hacer las cosas. El hacer la actividad o tarea que tu mism@ te marcas ya te conlleva una recompensa en sí misma.

Es el disfrute de un trabajo por el mero hecho de hacerlo, es disfrutar de la pasión por un hobbie, es participar en un concurso porque te divierte…

Cuando se despierta tu motivación interna disfrutas más del proceso que del resultado final. El verdadero objetivo que buscas en este caso es sentirte autorrealizad@ y disfrutar.

 

La motivación extrínseca puede definirse como aquellos estímulos externos a ti, que te vienen de fuera, como por ejemplo la presión social, la recompensa, el castigo, la aprobación… Diríamos que realizas la conducta con el fin de conseguir algún tipo de recompensa y no por el disfrute de la realización de la conducta en sí misma.

Es participar en un concurso para ganar un premio, es trabajar a pesar que no te guste el trabajo para ganar más dinero…

 Así, podemos decir que mientras que la motivación extrínseca viene impulsada por recompensas o castigos externos, la motivación intrínseca se basa en los deseos internos.

 

¿Qué es mejor tener motivación intrínseca o extrínseca?

Una motivación no excluye a la otra. La presencia de una u otra dependerá del contexto y de la existencia de éstas en la persona. Con tal de alcanzar los mejores resultados es importante un equilibrio entre las dos.

Cuando inicias una tarea o una acción, en ocasiones es necesaria la motivación extrínseca para incentivarla, mientras que, una vez iniciada, lo ideal sería que se mantuviera por la motivación intrínseca, dado que al ser una motivación que no depende concretamente de las situaciones del entorno, fomenta la perseverancia en la tarea.

Por ejemplo, has empezado a realizar ejercicio físico porque el medico te lo ha recomendado para mejorar tu salud. Sin embargo, sería importante que perseveraras en llevar a cabo ejercicio físico porque te gusta y has encontrado ese punto de disfrute haciéndolo.

 

¿Cómo promover la motivación intrínseca? 

  • Trabajar en el autoconocimiento: te permitirá conocer tus propias capacidades, fijar tus propios límites y, en consecuencia, establecer tus propias motivaciones, sin que estas se vean disminuidas por la rutina o expectativas demasiado altas.
  • Asumir la propia responsabilidad: el asumir la propia responsabilidad (locus de control interno) aumentará tu motivación interna, mientras que culpar a los demás de lo que te sucede (locus de control externo) hará que, bajo la percepción de no control, esta motivación desaparezca.
  • Estimular la curiosidad: puede ser el impulso que despierta y/o aumenta el nivel de motivación hacia una acción.
  • Retomar la experiencia: tus vivencias anteriores, cuando estas han sido satisfactorias, pueden dirigir e impulsar tu motivación ante estímulos similares.
  • Marcarte desafíos: te motivan a seguir adelante manteniéndote comprometido con tu objetivo. Visualizar los beneficios que te aportará la consecución de los objetivos que te marques determinando lo que necesitas y como actuarás, incentivas la necesidad de sentirte competente.
  • Deshacerte de los “debería”: Los “debería” te enfoca hacia tareas impuestas promoviendo la motivación extrínseca, siendo posiblemente insuficiente para sentirte bien, mientras que si te focalizas en el “querer”, tomarás el control de lo que haces para satisfacer tus necesidades.

 Después de todo lo aprendido… ¿qué te parece si empiezas a poner en marcha tu motivación intrínseca para mejorar tu bienestar?

Lídia Palou

Psicóloga y Coach. Especialista en discapacidad.

Colegiada por el Colegio Oficial de Psicólogos de Catalunya. 

Explora más artículos

Y si necesitas ayuda contacta conmigo y pide una cita.