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Marcela sufre dolor de estómago y alteraciones intestinales. Se encuentra muy preocupada porque los síntomas no remiten y por las posibles consecuencias catastróficas. Está muy rumiativa; piensa que puede tener una enfermedad grave. Se le practicó ya una colonoscopia y múltiples exámenes sin una causa concordante.

El comienzo y la evolución de los síntomas guardan una estrecha relación con el estrés y la ansiedad del diagnóstico reciente de espondilitis anquilosante, una enfermedad inflamatoria crónica que afecta fundamentalmente a las articulaciones de la columna vertebral. Aun así, Marcela se resiste a contemplar la posibilidad de que las molestias tengan un origen psicológico, dado que el dolor que siente es real.

Y es que cuando tienes dificultad para expresar tus emociones tu respuesta puede ser esconderlas, negarlas o incluso exteriorizarlas de forma inadecuada y, en este momento, es cuando tu cuerpo puede responder a través de síntomas físicos, de un malestar que te genera una elevada preocupación. Cuando esto te ocurre, estás somatizando.

El caso de Marcela es un claro diagnóstico de trastorno de síntomas somáticos. Se observa la presencia de síntomas físicos (somatización), que perturban su vida diaria e implican la presencia de pensamientos en forma de elevada preocupación, emociones desagradables y conductas asociadas con la salud.

Bien conocida es la relación entre mente y cuerpo y, únicamente cuando viven en armonía y existe un equilibrio entre ellos, es cuándo podremos disfrutar del bienestar.

Seguramente habrás experimentado en algún momento de elevado estrés, que tu cuerpo ha reaccionado de alguna manera como, por ejemplo, con dolor de cabeza, dolor de estómago, diarreas, dolor en el pecho… Todos ellos son síntomas de somatización si no existe una causa orgánica subyacente.

¿Cuáles son los síntomas más frecuentes en el contexto de la somatización?

Síntomas digestivos: dolor o ardor de estómago, nauseas, diarreas, úlceras…

Síntomas neurológicos: dolor de cabeza, desvanecimientos, entumecimiento o sensación de hormigueo, dolor de cervicales, dolor muscular, parálisis, afonía…

Síntomas dermatológicos: Picor, psoriasis, caída del cabello, dermatitis, eczemas…

Y, en algunas ocasiones, incluso puede llegar a darse alteraciones sexuales: dificultades de erección, dolor en la menstruación o menstruación irregular…

¿Y cómo se trata la somatización?

El objetivo del tratamiento, desde la psicoterapia, se enfoca en qué conozcas y comprendas mejor lo que te está pasando y por qué te ocurre. También, facilitarte herramientas para aprender a gestionar de forma adecuada las dificultades de la vida diaria y disminuir los síntomas físicos y poder funcionar adecuadamente en situaciones personales, sociales y laborales.

En ocasiones, también, te pueden prescribir algún fármaco para aliviar los síntomas de ansiedad y depresión que pueden estar presentes.

Algunos pasos que TE pueden servir de ayuda son:

  1. Tomar de consciencia:

Cuando sufres un malestar físico habiendo descartado causa orgánica, es fundamental tomar consciencia del origen de este malestar, de la dificultad que te está causando y de las emociones que te está generando. 

  1. Cambiar tu perspectiva de pensamiento:

Trabaja en cambiar tus pensamientos disfuncionales por pensamientos más adaptativos. 

  1. Modificar la forma de afrontar tus dificultades:

Al cambiar el enfoque de tus pensamientos te será más fácil encontrar soluciones y afrontar los problemas, lo que a su vez mejorará tus síntomas físicos.

 

¿Te das cuenta de cómo tu salud psicológica puede afectar a tu salud física?

Toma acción para cuidarte.

Lídia Palou

Psicóloga y Coach. Especialista en discapacidad.

Colegiada por el Colegio Oficial de Psicólogos de Catalunya. 

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