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La vida transcurre entre una amalgama de experiencias. Experiencias que a veces te aportan aspectos positivos y otras que son experiencias complicadas las cuáles te presentan acontecimientos que no puedes cambiar y que debes afrontar. Por ejemplo, la aparición de una enfermedad crónica como la Fibromialgia.

Ante el diagnóstico de una enfermedad de este tipo es habitual que te veas inmers@ entre la tristeza, la impotencia y la frustración por no poder hacer nada al respecto ante la realidad que te toca vivir.

Y es fácil caer en la resignación, en este sufrimiento que provocan los pensamientos repetitivos de no poder hacer nada, luchando contra esta realidad, anclándote a este pasado sin discapacidad que ya no está, lo que te bloquea y evita que busques opciones, dando fuerza a la creencia de que “esto es lo que hay y no puedes hacer nada”. Ello hace que tomes el papel de víctima con la consecuente sensación de impotencia y frustración.

¿Y cuáles son los pasos a dar para poder seguir adelante?

La respuesta más acertada es la ACEPTACIÓN. Es fundamental aceptar lo que te pasa para mantener cierta estabilidad psicológica y procurarte la fuerza para poder seguir adelante, a pesar de las limitaciones, encontrando formas de sentirte lo mejor posible a nivel emocional.

Dicho de otra manera, es una forma de adaptarte a las circunstancias adversas, sin intentar cambiar, luchar ni negar lo que no puedes controlar.

Para ello, es importante:

  • Conectar con las emociones displacenteras, con aquello que sientes y donde lo sientes en el cuerpo, sin intentar eliminar estas sensaciones.
  • Poner nombre a estas emociones, dándoles espacio y expresando lo que sientes.
  • Deshacerte de los juicios de valor y alinear tus pensamientos y comportamientos en dirección a la aceptación de las circunstancias tal y como son.
  • Disminuir la rumiación del “por qué me pasa a mi” y céntrate en el “qué puedo hacer para sentirme mejor”.
  • Focalizarte en aquellas cosas que sí puedes hacer para mejorar tu bienestar.
  • Estructurarlas en forma de pequeños pasos.

Ello te llevará a integrar nuevos aprendizajes y a descubrir nuevos recursos para hacer frente a esta experiencia.

Sin embargo para llegar a este punto primero debes llevar a cabo un análisis sobre lo que depende de ti y, está bajo tus manos poder cambiarlo, como son tus emociones, sentimientos, pensamientos y acciones y lo que no está bajo tu control como es una enfermedad.

Y también es importante que realices un trabajo de tomar consciencia de donde te encuentras en el contexto de tu enfermedad, circunstancias o problema. Si estás anclad@ en la resignación o te orientas hacia la aceptación dando paso a esta experiencia dolorosa, sosteniéndola, sin quedarte atrapado en estas sensaciones y emociones desagradables.

Por todo esto, es importante no confundir la aceptación con la resignación.

 

¿Y cuál es la diferencia entre Aceptar y resignarse?

Cuando te resignas sufres porque comparas tu situación actual con tu anterior situación, quedándote apegad@ a ella con una actitud pasiva ante la creencia de no poder hacer nada, llevándote a impotencia.

Mientras que la aceptación implica entender que hay cosas que no dependen de ti, sin embargo, aún y no poderlas cambiar, puedes modificar la actitud con la que enfrentas la situación. Es una actitud de cambio, activa. Al no mantenerte anclad@ en el pasado, te permite poder abrir nuevas perspectivas y encontrar nuevas posibilidades.

Mientras que la resignación genera sufrimiento porque no admites tu situación y estás a la espera de cambios que no llegarán nunca porque no tienes control sobre ello, la aceptación es gestionar, soltar y liberarte después de asumir que no está en tus manos cambiarlo.

Piensa que cuando empiezas a aceptar tu realidad, tú cambias y en consecuencia también cambia tu experiencia subjetiva de la realidad. Esa situación que antes percibías tan inaguantable también cambia.

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Lídia Palou

Psicóloga y Coach. Especialista en discapacidad.

Colegiada por el Colegio Oficial de Psicólogos de Catalunya.

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